Y SE ABRIERON LAS GRANDES ALAMEDAS
Fotografía: Ambito

Y SE ABRIERON LAS GRANDES ALAMEDAS

POR: KELY IDROGO ESTELA

Las masivas movilizaciones en el hermano país sureño, que dicho sea de paso ya se cuentan varios días desde que se dieron inicio, no son de ninguna manera una suerte de levantamientos aislados. De hecho, América Latina atraviesa una crisis generalizada, tal como lo evidencian las recientes jornadas de lucha –además de Chile– en el Ecuador, Bolivia, Colombia, Haití y Honduras.

Tampoco es que las cosas vayan muy bien en Perú, no obstante luego de la disolución del Congreso, las crispaciones que provocaba el Legislativo, han desaparecido; no sin cierta comicidad que de vez en cuando causan los que hasta hace poco fueran los “flamantes” padres de la patria, propiamente cuando lanzan declaraciones desafortunadas en alguna que otra entrevista que se les hace, o incluso a través de las redes sociales como el twitter, en donde podemos comprobar que son asiduos actores.

El descontento social se extiende por si fuera poco también a la Argentina, país que viene atravesando una grave crisis económica, además de una fuerte polarización entre ciudadanos, que tiene como causa las elecciones de segunda vuelta, que definirán de una vez por todas al próximo mandatario argentino, quien tendrá la importante labor de conducir por cuatro años consecutivos, los destinos de la patria que acunó al libertador.

Las protestas desencadenas en la región, no son gratuitas. Lo sucedido en el Ecuador, como en Chile, tienen como raíz natural la aplicación de una serie de políticas de corte liberal, que a fin de cuentas perjudican directamente la economía de sus ciudadanos. Así, mientras que para el país ecuatorial, la gota que derramó el vaso fue el recorte a los subsidios al consumo de gasolina, para Chile fue el alza en los pasajes del Metro de Santiago.  Sin embargo, a diferencia del primero, que logró dar solución al duro conflicto que puso en jaque a Lenín Moreno por cerca de dos semanas, en el país sureño no bastó con derrocar la medida que movilizó a miles de chilenos la semana pasada; al inicial pliego de reclamos se han sumado los pedidos por el cambio del sistema de salud, pensionario, de educación, tributación, etc., así como la no privatización del agua, que viene siendo desviada por los grandes empresarios, en perjuicio de los pequeños agricultores. Como es de notar, la crisis es sistémica, y ha llegado a tal punto que la población organizada demanda la renuncia de Sebastián Piñera, asimismo, la instalación de un gobierno provisional; pero además hacen el llamado a una asamblea constituyente, a fin de que les permita dar cuerpo a una nueva Constitución, porque la promulgada en la dictadura de Pinochet ha engendrado enorme desigualdad e injusticia social en su país.

Curiosamente, las políticas económicas aplicadas en Chile, no son distintas a las que se ejecutan en Perú; en pocas palabras, el modelo es el mismo, pero parece ser que la estrategia de enfrentamiento entre Ejecutivo y Legislativo en nuestro país, funcionó bastante bien para el sistema, el cual no fue puesto en debate, mientras se nos hacía creer que el aprofujimorismo era el monstruo que necesitábamos destruir para salvar a la patria.

Nada más lejos de la realidad, en tanto que la crisis tenía un matiz estructural, sin embargo dejamos al olvido los cuestionamientos en materia económica, para hacerle coro al gobierno, incidiendo en que la crisis era exclusivamente política.

Por suerte hay sectores que no se han comido el cuento propagado por el oficialismo, y continúan indesmayables alzando las banderas por una nueva Constitución, que signifique en todos sus términos cambios profundos en las relaciones de poder, donde efectivamente exista un Estado de y para todas las sangres, y no como en la actualidad, donde observamos un Estado que asume un papel subsidiario frente a las grandes empresas que hacen y deshacen a sus anchas lo que se les viene en gana –como evadir impuestos, por ejemplo–, siempre en desmedro de la propia ciudadanía.

Mientras el Estado continúe capturado por los poderes fácticos, no podemos decir que seamos “libres”, como reza erróneamente nuestro himno nacional. Se requiere para ello, una representación real del pueblo, y sus demandas; pero también dejar el adormecimiento que nos somete como país, creyendo nuevamente que con las próximas elecciones complementarias, estaremos más cerca del Perú que soñamos.

Corresponde dar una mirada completa del bosque, y ya no más del árbol, como equivocadamente hemos hecho solo con el Congreso. La atención la hemos tenido copada en un conflicto insustancial, que al solucionarse, solo ha beneficiado al modelo económico, que en otras latitudes, está a punto de traerse abajo a todo un gobierno, empezando por su presidente.

Con las similitudes en materia económica que compartimos con el pueblo hermano de Chile, cabe preguntarse si es que acaso queremos llegar al punto donde se desate toda una masacre fratricida, para que por fin sean escuchadas las voces que bregan por un cambio integral en el territorio nacional, o –tal como lo creo– es propicio el momento para invocar a una asamblea constituyente, desde la diversidad de organizaciones existentes en nuestro país, para dar fruto a una nueva Carta Política para los peruanos; sin heridos, ni detenidos, ni mucho menos muertos a los que tengamos que lamentar.

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