UNA SOLUCIÓN DE CONTINUIDAD PARA LA OLIGARQUÍA

UNA SOLUCIÓN DE CONTINUIDAD PARA LA OLIGARQUÍA

Por: José Manuel Mejía

La reforma política de Vizcarra insiste en la resurrección de los partidos, no los deja enterrar ni los abandona a su suerte. Desde la falsa transición, los tecnócratas de la gobernabilidad han advertido sobre la “crisis de representación” de los partidos como la otra cara del conflicto político en el Perú, ofreciendo una serie de recomendaciones sobre posibles soluciones institucionales, entre ellas, su financiamiento público y democratización interna. En teoría, para la comisión de reforma política de Vizcarra, la insistencia en el fortalecimiento de los partidos debería reconstruir los mecanismos de representación, evitando que la protesta persista como recurso político.

Es tarde para ello, los partidos no pueden ser resucitados nuevamente y ninguna política pública puede hacerle el milagro a la oligarquía. Esta se ha quedado sin intermediarios políticos, necesitan nuevos partidos del saqueo y la corrupción, y qué mejor si pudieran burlarse del pueblo otra vez, como lo hicieron con la traición de Humala.

Ahora, si bien la conflictividad es para la gobernabilidad democrática un mal, también es la acción colectiva del pueblo, aquella que desarrollan en la protesta poblaciones y organizaciones provenientes de los márgenes del sistema político. Y, es a partir de sus luchas que se construye su organización. Han pasado casi 20 años de un nuevo ciclo de protestas, algunas de las cuales fueron políticamente efectivas, haciendo retroceder a Minera Yanacocha en Cajamarca, al fascismo de García en Bagua, a la mafia aprista y fujimorista enquistada en el estado, así como provocado la renuncia de PPK a la presidencia con las movilizaciones anticorrupción.

En ese periodo, las redes y estructuras organizacionales formadas en medio de la protesta han aprendido a coordinar su acción colectiva y enraizado territorialmente en las regiones. La Cumbre de Huancayo es producto de la afirmación de las organizaciones y bases de la izquierda radical provinciana por avanzar hacia la construcción de un solo frente. Es también una demostración de que el pueblo ha formado sus propios políticos, intermediarios y organizaciones. El desafío que representa su organización para el establishment político, pero sobre todo para la oligarquía nacional, ha puesto en una posición incómoda a Vizcarra en tanto el vacío de representación es mayor con la deslegitimación del congreso, particularmente para el aprismo y el fujimorismo.

La solución de continuidad para la oligarquía pasa, esta vez, por la emergencia de alguna alianza de centro que reemplace a los partidos desprestigiados y contenga las posibilidades electorales del frente popular. Entonces se comprende la oposición manifiesta de Lerner –primer ministro de Humala–, Simon –primer ministro de García– y Patria Roja (Juntos por el Perú) a la Cumbre de Huancayo, y, por tanto, a la construcción del frente popular. La izquierda tradicional oportunista busca una alianza de centro que garantice al sucesor de Vizcarra en la presidencia, facilitando una solución de continuidad para la oligarquía.

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