UNA SEMANA CLAVE PARA EL SOCIALISMO

UNA SEMANA CLAVE PARA EL SOCIALISMO

POR: VICTOR CARDENAS

Este último fin de semana hubo dos sucesos que han sido parte de los asuntos que han ocupado el foco de la atención internacional en la región. Semanas atrás Trump desde Miami, en su permanente tono belicista, anunciaba el “fin del socialismo” en América mientras seguía comprometiendo la ayuda de EEUU en el intento de golpe de Estado al gobierno de Caracas. El mensaje también iba dirigido a La Habana.

El sector antidemocrático de la oposición venezolana ha venido desde hace varios años –desde el día siguiente de la elección de Chávez en 1998– intentando traerse abajo al gobierno empleando, sin reservas, todo tipo de métodos. Éste último mes probaron la de crear un gobierno paralelo, usando el parlamento, y autoproclamándose el diputado Guaidó como presidente interino. De ese modo EEUU, quien mantiene constante coordinación en estos asuntos, apretó el cerco diplomático, el mediático internacional y junto con sus aliados subieron el tono injerencista y militarista. Fueron marcando de este modo varias fechas claves. Empezaron el 10 de enero desconociendo el nuevo mandato de Maduro, luego, trece días después al autoproclamarse Guaidó manifestó la ‘inminente’ caída del gobierno y el ingreso de la ayuda humanitaria apoyado por Trump y las elites aliadas de la región. El día D de esta operación fue anunciada para el último sábado 23 de febrero donde se cumplía además un mes de la autoproclamación; así, todo apuntaba a que el desenlace que quería este sector de la oposición abriera pie a una escalada de violencia.

Aquello no sucedió a pesar de los esfuerzos y las provocaciones. Durante el transcurso del día 23 abundaban los fake news, luego eran desmentidos rápidamente, que señalaban deserciones masivas de las fuerzas armadas venezolanas, quema de camiones con ayuda humanitaria, ingreso por algunos de los puntos fronterizos, etc. Sin embargo, no lograron provocar algún incidente grave que buscara justificar acciones posteriores. Luego de ese sábado, el Grupo de Lima en una reunión en Bogotá se manifestó en contra de cualquier acción que implique la vía militar; de este modo las elites de la región han retrocedido parcialmente al deslindar de la oposición venezolana ultrista y antidemocrática que apuesta abiertamente por una intervención militar. Después de semanas de meditar sobre los costos de traer la guerra a la región pareciera indicar que han tenido un gesto de sensatez. Por otra parte, aún con todas las amenazas, pero también con la generosa solidaridad internacional a la resistencia venezolana, la unidad del bloque chavista no se ha resquebrajado como pretendían.

El otro foco de la atención estaba puesto en Cuba que este último domingo llevó a votación la Nueva Constitución producto de un proceso de varios meses de deliberación pública. El objetivo con este proceso constituyente era la de actualizar al Estado y la democracia en este país; y por otra parte, la de renovar el consenso en torno al proceso de revolución social que viven hace sesenta años. Hay que tener en cuenta que la nueva carta magna más que un tramite formal ha sido un acto político. La constitución ha sido aprobada y votada por generaciones que exceden a la experiencia vital de la generación heroica que le tocó vivir la Cuba pre 1959 y la posterior irrupción de la Revolución. De ese modo se puede señalar que la sociedad cubana en su conjunto y por mayoría abrumadora reafirma el horizonte emancipador.

Entre los varios aspectos relevantes de la nueva constitución está la que reafirma el espíritu socialista y su vocación por una democracia postcapitalista al señalar textualmente “Cuba no volverá jamás al capitalismo como régimen sustentado en la explotación del hombre por el hombre, y que solo en el socialismo y en el comunismo el ser humano alcanza su dignidad plena”. Han hecho énfasis en un aspecto central e ineludible del futuro y presente de las sociedades al señalar que “El Estado promueve el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación como elementos imprescindibles para el desarrollo económico y social”; lo mismo para el caso educativo “La educación es un derecho de todas las personas y responsabilidad del Estado, que garantiza servicios de educación gratuitos, asequibles y de calidad para la formación integral, desde la primera infancia hasta la enseñanza universitaria de posgrado”.

En síntesis, no hay, en efecto, nada parecido a las pretensiones distópicas de Trump cuando señala el fin de tal o cual aspiración humana. Lo único que evidencia lo enardecido de sus palabras es la impotencia frente a un mundo al que cada vez menos pueden manejar a su voluntad ya sea directamente o ya sea vía alguna élite local que sin aspiraciones patrias funja de aliado.

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