ROMA, UNA SOSPECHOSA PLURALIDAD

ROMA, UNA SOSPECHOSA PLURALIDAD

Por: Dante Morales

«Roma» de Cuarón es una película mediocre argumentativamente. No posee ninguna complejidad u observación inteligente del tema que retrata. Su fantástica dirección y estética no está en discusión. Que el mexicano sea un genio tampoco lo está. Sin embargo, ha demostrado tras «Gravity», que sus guiones no están a la altura de un Kubrick o un Scorsese.

No sorprende la decena de nominaciones que alcanzó en los premios de la Academia de este año. Para nada. Estaba cantadísimo. Era un «di lo tuyo Bart» casi desde que se anunció el proyecto. Y aunque un sector rancio y conservador pueda aplaudir este precepto, lo cierto es que lo políticamente correcto ha llegado a distorsionar el concepto de mérito artístico.

Y también es un síntoma de lo que la globalización nos está vendiendo como la solución a las barreras que separan a las personas de todos los continentes: la consiguiente exotización de los otros. Pasa todo el tiempo. Nos quieren acostumbrar a creer que si nos dan un papel en sus películas o nos invitan a sus cocteles están haciendo un mundo mejor.

No es así. Somos más que la historia de una muchacha de bellos ojos tristes en México D.F.; somos «Cien Años de Soledad», somos Café Tacvba, somos «Trilce», somos «Ciudad de Dios», somos Bolaño, somos Canserbero, somos Martín Chambi, somos la Fania All-Stars, somos «Ficciones». Y merecemos ser reconocidos por nuestro vasto aporte a las artes universales.

No hay un ápice de mala intención en el célebre director mexicano. Pero no está de más recordarlo. Tampoco somos solo sufrimiento y desazón por cuitas de amor, tenemos nuestros problemas existenciales de delicada complejidad. No somos solo marginación y pobreza, sino que nuestra gente ha enfrentado las desigualdades con entereza desde que fueron despojados de sus tierras.

Por último, no somos solo enfrentamiento político entre hermanos ni meros sobrevivientes de fieras dictaduras militares, fuimos condenados a ello por quienes ahora nos quieren retratar desde una pretendida objetividad. Por ahí me dijeron que «Roma» era un capítulo de la «Rosa de Guadalupe» con excelente fotografía. No lo creo tanto así, pero sí preocupa cómo se nos vende esta supuesta pluralidad.

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