RAÚL PORRAS, EL CANCILLER DE LA DIGNIDAD

RAÚL PORRAS, EL CANCILLER DE LA DIGNIDAD

Por: Gustavo Espinoza

El Despacho de Relaciones Exteriores en el Perú, ha conocido diversos avatares y ha carecido, en lo fundamental, de una línea de trabajo definida

Algunos episodios, signados por la presencia de funcionarios destacados, permitieron que abandone el lastre de la dependencia, y asome por los predios de la soberanía. Pero eso debe atribuirse más bien al desempeño de ciertas personalidades que brillaron en el portafolio, más que a una conducta del Estado Peruano, casi siempre sometido a las presiones del Imperio.

Hombres  notables han ocupado el Sillón de Torre Tagle, y han logrado un cierto nivel de respeto y consideración en el escenario exterior, así como determinado prestigio en el interno. La figura más alta del Portafolio ha sido, sin duda, el historiador y docente universitario Raúl Porras Barrenechea, quien desempeñara sus funciones entre el 4 de abril de 1958 y el 15 de octubre de 1960.  Este prestigioso hombre de la Academia, se vio forzado a abandonar su puesto después que, en la Conferencia de Cancilleres celebrada en San José de Costa Rica desacatara la orden de su gobierno –el presidido por Manuel Prado, el Banquero- y se negara a sancionar a Cuba, respetando escrupulosamente los principios del Derecho Internacional basado en la No Intervención en los Asuntos Internos de los Estados y en la Libre Determinación de los Pueblos.

En la circunstancia, el gobierno de los Estados Unidos se había propuesto expulsar a Cuba de la Organización de Estados Americanos -la OEA- y, para ese efecto, había coordinado con todos los gobiernos de la región a fin que acataran la idea; y procedieran a actuar consonancia con el pedido de la Casa Blanca. En un gesto que sorprendió a muchos, el Canciller Porras pronunció un discurso en sentido contrario, que luego fue considerado histórico. Fundamentó su voto, opuesto a  la expulsión de Cuba, y rechazó las “instrucciones” que su gobierno le había dictado. Porras volvió al país, renunció a su cargo y falleció pocas semanas después, pasando a la memoria de mucha gente como “El  Canciller de la Dignidad”.

Otros titulares de Torres Tagle siguieron en lo fundamental lo que se dio en llamar “La Doctrina Porras”, es decir un conjunto de criterios ligados al sentido común y a la convivencia universal, al respeto a la dignidad de los pueblos y la admisión de valores éticos fundamentales. En esa línea estuvo Edgardo Seoane Corrales, pero sobre todo Edgardo Mercado y Miguel Ángel de la Flor, los Cancilleres de Velasco Alvarado; Carlos García Bedoya y hasta Javier Arias Stella que actuaron con las mismas ideas básicas.

No fue por cierto, ésa la línea de todos. Hubo titulares de ese Despacho que acataron servilmente otro dictados. De la Puente Rabdill, por ejemplo, sembró una postura capituladora que derivó en la gestión de Luis García y García, quien alentó la crisis de Mariel acogiendo delincuentes en la embajada del Perú en La Habana. Luis Percovich –un boticario que fuera también ministro del Interior- siguió ese mismo derrotero en su tiempo; y fue esa la conducta de Luis González Posada  señalado como agente de la CIA y consejero de  Alan García- y Augusto Blacker Miller, a la diestra de Fujimori; y también la de Francisco Tudela. Ellos, denigraron la política exterior peruana y nos presentaron ante el mundo como expresión de la cobardía, el servilismo  y la traición. Amagaron la unidad continental para aplicar obsecuentemente los dictados de Washington.

Pero el servilismo como “práctica diplomática”,  llegó ahora  a  su punto máximo con Néstor Popilizio. Bardales.  Originalmente Bachiller en Derecho, termino como licenciado en Relaciones Internacionales Tuvo la suerte de hacer un curso  en Paris, de modo que pasó por la cultura europea aunque ella, nunca pasó por él. Lo que sí quedó –probablemente en sus huesos- fue su función como Consejero de la embajada peruana en Washington. Allí quedó marcado para siempre. Por eso cumple sin chistar los encargos del Imperio.

Néstor Popolizio, sin tener arte ni parte,  le declaró una suerte de  guerra al gobierno de Venezuela ¿Qué lo llevó a eso? Nada especial, salvo la orientación que impulsara PPK a través de su Canciller Luna. Quizá por hacer “honor a ella”, fue que embistió con anteojeras al país llanero y se convirtió en el “artífice” del bien denominado el “Cartel de Lima”. Paso a paso, Popolizio fue construyendo  una tela con la que fue envolviendo a otros cancilleres de la región. Fue, ante ellos, una suerte de “vocero oficioso de la Casa Blanca”. Y alentó posturas sin  más propósito que “quedar bien” ante el amo del norte. Pero su extremo servilismo no lo ayudó.  Lo llevó no solo  a la derrota, sino también al ridículo.

Convocó a todos los países a “romper relaciones con Venezuela”. Y sólo le hizo caso Paraguay, cuyo Primer Mandatario es el hijo de quien fuera secretario personal del dictador Stroessner. Luego acudió a la OEA, pero allí tampoco alcanzó los votos que se había propuesto. Y entonces acudió a Naciones Unidas, pero el Consejo General de la OINU reconoció a Nicolás Maduro Moros. Popolizio, al borde de la ira, logró arrancar del Tesoro Peruano  un “aporte” de 5 millones de dólares para el títere Juan Guaidó. Ahora, al compás del señor Trump, “retrocede” -pareciera un paso de baile- y asegura -igual que Vizcarra-  que condena“cualquier agresión externa contra Venezuela”; que es lo único que él mismo ha venido promoviendo. Sin duda, entre Popolizio y Raúl Porras, hay un abismo en varios sentidos. Pero el más importante,  es el que alude a la dignidad  de Porras; y que Popolizio, en estricto, no conoce (fin)

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