¡NO PUEDO RESPIRAR!

¡NO PUEDO RESPIRAR!

POR : ESTEBAN MARTINEZ

¡No puedo respirar! Es el grito de George Floyd que resuena en las cánticos de protesta y en la acciones de violencia en las calles de Mineápolis, las cuales se vienen extendiendo a otros estados. ¡No puedo respirar! No es solo es un grito de súplica y piedad ante el agente policial que lo tenía tendido sobre el suelo, con una rodilla presionándole el cuello hasta asesinarlo. Es un grito de deseo de justicia histórica que va más allá de la detención del asesino y de quienes lo acompañaban, pero también es un grito de rabia y resentimiento contra la violencia sistémica y racista con la que se convive y resiste en la cotidianidad, y que se manifiesta de manera velada o manifiestamente brutal hasta el día de hoy en la nación abandera nuestra cultura occidental y que se ha precia de modelo ejemplar de democracia política.

La crisis que se ha desatado expone una grieta de vieja data de violencia y discriminación en medio de la recesión por el coronavirus que tiene como principales víctimas a la población negra y y a la población latina. En este marco, la administración de Trump ha preferido la marcha de la máquina de la economía a la vida y seguridad de estas poblaciones y hoy ordena a la Guardia Civil, al Ejército a reprimir y sofocar con brutalidad la protesta social. Trump no es solo una anécdota, un accidente o una equivocación al votar, es expresión de un inconsciente y de una cultura ku-klux-klaniana que pervive en los Estados Unidos y que en este contexto ha acrecentado sus poderes, capacidades y repertorios.

El racismo en Estados Unidos data desde los tiempos de la colonia y se ha expresado en forma de esclavitud, segregación o abuso. La independencia (en 1776) no suprimió la esclavitud, que continuó siendo parte de la vida cotidiana, sobre todo en las plantaciones de los estados del sur. La compra y venta de esclavos, los linchamientos y asesinatos a los negros eran prácticas legales y legítimas. Con el fin institucional de la esclavitud, la violencia racista no ha cesado. Hasta mediados del siglo pasado, operaban dispositivos como los carteles en espacios públicos que indicaban que sólo los blancos podían hacer uso de determinados servicios.

La activación subjetivo-política como producto de la conciencia y la organización, pero también de la rabia contenida se expresó a modo de resistencias y acciones contenciosas de la población negra (en la que se destacan referentes como Malcom X, Rosa Parks o Luther King), de los “panteras negras” y de los pueblos solidarios en contra de la segregación y el racismo. Estas experiencias históricas contenciosas son parte de una trayectoria de lucha que vive en las acciones colectivas y en los movimientos sociales de hoy que se levantan con furia contra las nuevas formas de violencia racista en la época del capitalismo global, la cual se expresa no solo en las políticas anti-inmigración, en los abusos policiales, sino también en la vida cotidiana como parte de una cultura de dominación y de odio al “subalterno” que pervive.

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