NO AL PEAJE: ACCIÓN COLECTIVA EN PUENTE PIEDRA

NO AL PEAJE: ACCIÓN COLECTIVA EN PUENTE PIEDRA

POR : MARCK MORALES

La lucha contra el peaje en Puente Piedra se inició a fines del 2016, cuando los vecinos del distrito se vieron perjudicados por la súbita alza del pasaje. Si bien ya existía uno de norte a sur, la instalación de otro en dirección contraria era intolerable. Este proceso inicial de agitación será llevado a cabo por organizaciones sociales como COPRILCA (Consejo Promotor para el Desarrollo y Progreso Interdistrital de Lima Norte y Callao) o la CONAPUP (Coordinadora Nacional de los Pueblos Unidos del Perú) ligados al Partido Aprista Peruano, sus dirigentes barriales y candidatos distritales.

Es a inicios del 2017 cuando se desarrollan los acontecimientos más violentos, lo que dejó, marcha tras marcha, más de 50 detenidos; no menos de 3 personas perdieron parcialmente la vista a causa de los perdigones. Así, miles de vecinos entendieron dolorosamente la perfidia del Estado peruano representado, en el momento álgido de los acontecimientos, por la Policía Nacional del Perú. El resultado final fue la quema y retiro de las garitas de cobro de ingreso al distrito.

Lo antes mencionado demostró algo que sociólogos y politólogos han intentado de dar solución, y es cómo pasar de la lucha espontánea, reivindicativa, monotemática y cortoplacista a una lucha organizada y de largo aliento, que no solo comporte la lucha por un problema en específico, sino que pueda abarcar más problemas. Esta cuestión enmarca un debate antiguo y polémico: ¿cómo pasar de la lucha social a la lucha política, de lo especifico a lo general, del corto plazo o coyuntural al largo plazo, a lo histórico y de lo espontáneo a lo organizado?

Nicolas Lynch dirá a finales de los noventa que la solución era la conformación de un “movimiento político”, es decir, transformar los movimientos que luchan por demandas puntuales en movimientos que tienen propuestas de conjunto para el país. Esta perspectiva quizás es pionera para lo que hoy en Bolivia y Latinoamérica se denomina “instrumento político”, que es una herramienta de multitudes organizadas/movilizadas para construir/acceder al poder (mediante elecciones) y emprender cambios estructurales. Algunos más optimistas confiaban en lo que denominaban el “protagonismo popular”, o sea, la construcción de un proyecto político encabezado por las organizaciones sociales. Esta teoría se inscribe en los años ochenta, y a la fecha no queda prácticamente nada del sector organizado de la sociedad, su sujeto que sustentaba esta tesis. Hoy, a nivel latinoamericano, existe una corriente que defiende el autonomismo de las organizaciones sociales, lo que significa la huida del Estado, como diría Nicolas Lynch, y se basaría fundamentalmente en dejar de lado la lucha por el gobierno y por el poder y basar los esfuerzos en la construcción de una nueva sociedad, así de llano y sencillo.

Al respecto, Jean L. Cohen y Andrew Arato dirán acertadamente que de nada sirve luchar por una nueva sociedad, sin antes haber podido derrotar o transformar las relaciones de poder en el Estado. Las consecuencias pueden ser como las del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en México, un proyecto regionalista que, si bien crean nuevas relaciones sociales, estas están supeditadas al poder estatal y su política, a nivel nacional, es marginal.

Las luchas por la nulidad del peaje en Puente Piedra demostraron dos cosas: primero, que el pueblo está dispuesto a cualquier acción para lograr las reivindicaciones por las que lucha. Segundo, que necesita una vanguardia que los oriente. Al respecto, Mao Tse Tung diría claramente “o se está delante del pueblo, o nos quedamos a la zaga criticando su avance o, en última instancia, estamos en contra de ella”. Esta perspectiva de ninguna manera es contraria al movimiento político o al instrumento político, sino, por el contrario, es su sustento. Decimos que el pueblo necesita su vanguardia porque luego de los sucesos de comienzos del 2017 y cuando todos bajaron los brazos pensando que se había solucionado el problema, en el 2019 subieron el costo del peaje de norte a sur. A los organizadores de las marchas COPRILCA y la CONAPUP se le sumo el FREDIP (Frente de Defensa de los Intereses de los Pueblos de Lima Norte) siendo su composición dirigentes barriales, tramitadores de servicios básicos como el agua y uno que otro candidato electoral. Ellos, al igual que sus pares anteriores, tienen el mérito de convocar y seguir, dentro de sus posibilidades, la lucha legal de la anulación del peaje. Sin embargo, nunca la dirigieron; ya sea en asambleas abiertas o en las mismas marchas, siempre el pueblo rebasaba su dirección.

Hoy, a raíz de los sucesos de los peajes, se necesita un frente único con las organizaciones sociales, dirigentes, colectivos, empresarios, las masas populares en general y los partidos políticos que estén por la nulidad del peaje, y descartar la lógica incauta de la antipolítica, que impide la participación de los partidos políticos en estas acciones, pues al día de hoy son los espacios mejor organizados en el distrito, querámoslo o no. A su vez, los partidos políticos, los candidatos electorales, las organizaciones sociales, los empresarios, principalmente los transportistas y el propio alcalde deben dejar de lado sus intereses particulares y enfocarse en el interés común y bajo ninguna circunstancia se debe pensar en claudicar. En ese sentido, la labor de la vanguardia es lo contrario del autoritarismo, sectarismo, la usurpación y el intelectualismo. Significa enseñar al pueblo y al frente único en la práctica y pedagógicamente que el objetivo trazado es justo, pero solo es un peldaño más de la larga lucha por conquistar finalmente nuestros derechos plenos y esa tarea inevitablemente pasa por ser gobierno y poder.

 

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