MADRES POR ELECCIÓN, NO POR OBLIGACIÓN

MADRES POR ELECCIÓN, NO POR OBLIGACIÓN

POR : LISBETH HUAMÁN

 

A lo largo de la historia las sociedades han atribuido el rol de la maternidad, como algo inherente y absoluto a todas las mujeres, sin siquiera haberles preguntado si es que ellas desean ejercerlo o no, casi siempre se suele pensar que TODAS LAS MUJERES están preparadas para ser madres (puesto que el “instinto maternal” es algo innato de las mujeres). Sin embargo, no se habla de que ser mamá es un paradigma difícil y complicado: los horarios, las desveladas, el llanto, el asumir la responsabilidad total de los cuidados cuando se enferma un hijo y las preocupaciones cuando al crecer los hijos, no contestan.

La ideología patriarcal sitúa a las mujeres dentro del ámbito de la reproducción biológica, negando su identidad fuera de la función materna. El deseo de las mujeres no cuenta porque se supone integrado en el orden de los discursos legitimados del sistema patriarcal.

Simone De Beauvoir fue la primera en señalar la maternidad como una atadura (separada de la idealización) para las mujeres al intentar mantenerla como único destino femenino. Niega la existencia del instinto maternal y propone situar las conductas maternales en el campo de la cultura.

El mito del “instinto maternal”, como algo natural e intrínseco en todas las mujeres, las cuales están predestinadas a ser madres (para posteriormente dedicarse prioritariamente a los cuidados de los hijos), limita el hecho de concebir a las mujeres en su papel de MUJER, profesional, activista, trabajadora o revolucionaria. Además, genera discriminación para aquellas mujeres que toman la decisión voluntaria y libre de NO SER MADRES, acusándolas de ser seres egoístas que anteponen sus propios intereses a los de los otros.

Hoy muchas de estas mujeres que no eligieron ser madres, pero que se vieron en la obligación de cumplir este rol, celebran con amargo consuelo el “DÍA DE MADRE”.

Mujeres que no se encontraban preparadas y que tuvieron que ser madres en una difícil sociedad conservadora y machista, siendo juzgadas por el estado, la iglesia y la sociedad civil cuando no cumplen con su rol, señalándolas como “malas madres” o “madres desnaturalizadas”. Juzgándolas sin darse cuenta que aquellas madres se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, pobreza y abandono; las que muchas veces deciden dar en adopción a sus hijos y que en muchos de los casos sus embarazos son producto de violaciones. Hoy recuerdo las palabras de mi abuela diciéndome:

No quería ser madre muy joven, prácticamente era una niña, cuando el padre de mis hijos me violó y desapareció para siempre. Trabajé duro en el campo (campesina) para llevar comida a mis hijos, fui madre y padre para ellos.

El supuesto padre desapareció haciendo lo mismo con muchas mujeres de pueblo, para la sociedad el padre de mis hijos era “un verdadero macho” por el simple hecho de tener muchos hijos con varias mujeres y no haciéndose cargo de ninguno de ellos. Pero para mí, siempre será el hombre que violó a todas mis demás compañeras del pueblo.

Por ello antes de señalar y juzgar debemos preguntarnos ¿Qué estamos haciendo para evitar que situaciones como esta ocurran? ¿Qué propuestas tenemos?

 

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