LOS NINI´s, UNA GENERACIÓN SIN UTOPÍAS
Foto: W radio

LOS NINI´s, UNA GENERACIÓN SIN UTOPÍAS

POR: ENYEL ASENCIO

Según un viejo adagio popular los niños, adolescente y jóvenes son los llamados a cambiar el futuro de una sociedad, “los jóvenes son el futuro”, se repite de forma despreocupada sin prejuicio alguno y sin enrumbar el camino para que estos asuman su papel vinculante con la sociedad. Todo ello alejado de una crítica al sistema mismo y los daños sociales que van dejando huellas imborrables en la historia del país…

Hablar de cambio en el Perú no solo es parte de una generación o de un discurso bien preparado por asesores en Marketing, es el conglomerado de un conjunto de generaciones que han abandonado el sueño utópico de un mejor gobierno y con ello el de un mejor país. La desconexión de los pasantes gobiernos nacionales y partidos políticos –sin ninguna política pública de inversión en la juventud– ha formado ya una generación que ha abandonado los estudios y la búsqueda de trabajo, los mal llamados NINIS (Ni estudian, Ni trabajan), son remitidos a niveles socio económicos directamente vinculados a la informalidad y la ilegalidad.

Los últimos reportes estadísticos del INEI, arrojan desastrosos resultados en cuanto a la actual población peruana de 14 a 29 años, los NINIS cuentan con más de 1,5 millones de jóvenes con un futuro incierto. Si de brecha de género hablamos, es aún más preocupante, ya que se cuenta con un 60% de población femenina de 14 a 19 años integrando este grupo excluido y sin ninguna política pública que los integre a una mejor calidad de vida.

Los NINIS son producto de una caótica vida republicana dirigida y gerenciada por la oligarquía en el país, de partidos sin programa de trabajo en sus juventudes y las enormes brechas sociales existentes en el país –siendo las de trabajo y educación, las que más afectan a este sector social– esto y el creciente destape de corrupción en las diferentes esferas estatales.

A los NINIS se los puede categorizar como una generación sin utopías, sin ideología y sin interés en la política nacional; es una generación muy propensa a espacios del, creciente y sin control, “empresariado informal”, empresariado que han encontrado –con la irregular entrada de extranjeros al país– la perfecta mano de obra a explotar en algunos casos al límite del esclavismo. La precarización laboral y el limitado o inexistente control para los inmigrantes, está originando una nueva crisis laboral en el país, trance que como muestra el censo del 2018 de la creciente tasa de profesionales jóvenes –profesionales que van desde el grado de bachiller hasta magíster– ha alcanzado el porcentaje más alto en las últimas décadas, llegando a un 3% del total de pobres en el país. Otro dato catastrófico es que la mayoría de NINIS, es decir, el 70% de ellos se encuentra en la zona rural del país, demostrando una vez más la tan alejada descentralización –de la que se habla mucho, pero por la que no se hace casi nada–.

Esta es la generación que existe en nuestro país, juventud que se mantiene lejos de ideologías y por tanto se considera apolítica. Esta es la generación en donde el reducido grupo de jóvenes a los que nos importa y nos encontramos haciendo política, deberíamos construir futuro político y partidario. Es verdad, han pasado décadas sin aprovechar los pequeños periodos de crisis política de los partidos de la oligarquía, y poco a poco los tradicionales partidos de izquierda han ido petrificándose en sus pequeños y reducidos espacios de poder marginalizados.

Es ahí donde empieza la ruptura con lo tradicional, con lo ya establecido, con lo inmoralmente aceptado por mera imposición de la oligarquía tradicional y los simpatizantes de centro; es ahí donde se entiende claramente que REVOLUCIÓN  no solo es violencia, sino pasa a ser creación heroica, de un trabajo de retornar a nuestra generación la capacidad de indignarse por el bien común, por su sociedad; es ahí donde debe fortalecerse un programa que logre transformar los múltiples factores de desigualdad tanto socioeconómicos, políticos y culturales; un programa que sepa articular con equidad de género el potencial de la población femenina que representa más del 50% en nuestro país.

Hoy la tarea más grande de la izquierda es articular a esta juventud, a la cual pertenecemos, con miras a reencontrarla con su dimensión utópica, que no es sino la de un país con más justicia social, quitando la visión preestablecida de que la única política que deberían conocer es la que se impone por medio de textos de superación personal. Es ahí donde empieza el desafío creativo, ¿lo podremos lograr?

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