LOS GOBERNANTES QUE QUEREMOS

LOS GOBERNANTES QUE QUEREMOS

POR: KELY IDROGO ESTELA

Mucho se ha hablado de la aptitud técnica, de quienes llegan a constituirse como autoridades elegidas por voto ciudadano, como cualidad necesaria, capaz de garantizar un elogiable gobierno. Lo he escuchado hasta el hartazgo en las aulas universitarias, por parte de una gran mayoría docente. El discurso de la “meritocracia” esconde una realidad constatable, que sin ir muy lejos podemos observarla incluso dentro de nuestros círculos más próximos. En efecto, no es más sabio aquel que acumula mayor número de grados y “reconocimientos” académicos; de muchos de ellos, he visto destilar arrogancia y pedantería. Tal parece que la calidad humana no la proporciona la academia. De ello no guardo la menor duda.

Y ahora cabe preguntarnos, qué anhelamos de nuestras autoridades tanto a nivel local, regional, y de gobierno central, justo en este contexto que nos plantea una reflexión profunda sobre los terribles actos de corrupción, en los que se ha visto involucrada la mayoría gobernante de nuestro país. ¿Basta acaso con hacerle coro al pensamiento hegemónico de que los conocimientos técnicos son suficientes para lograr dirigir con éxito un determinado territorio, y encaminarlo hacia el desarrollo? Por supuesto que no.

Ya quedó demostrado con creces que la tecnocracia es un discurso demagógico muy bien utilizado por la derecha, que en la práctica resulta un completo fracaso. El ahora imputado por el delito de lavado de activos, y que cumple arresto domiciliario por un periodo de treinta y seis meses, nuestro expresidente “de lujo”, es el ejemplo más claro y reciente en el país, de la incapacidad política de los tan glorificados tecnócratas, lo que ciertamente es bastante cómico, dada las relaciones políticas de décadas entabladas por el señor Kuczynski, con la clase gobernante de nuestra patria.

En ese sentido, advertimos que la capacidad, tacto y cálculo a nivel político no son una consecuencia automática de los conocimientos que se adquieren en determinada materia o disciplina; son por el contrario, cualidades que se logran y aprecian en la cancha de los hechos, precisamente en el terreno político, sin invisibilizar, por supuesto, a quienes –da la impresión– nacen predestinados para estas artes.

La política es entonces la capacidad para decidir con tino –así lo creo­– y firmeza sobre determinados asuntos cuya relevancia nos afecta a todos; en pocas palabras, que es de dominio e interés público. Por tal motivo es fundamental la presencia de tecnócratas en el gobierno, qué duda cabe. No obstante, su campo de acción debe estar limitada a la ejecución de las políticas, decididas previamente por el gobernante. Claro que sí, el asesoramiento a las autoridades políticas es un aspecto esencial, que no puede abandonarse en ningún momento; en efecto, no se pueden pasar por agua tibia errores previsibles, que son responsabilidad del equipo técnico que acompaña al titular del gobierno –como lo indicábamos en un principio, en sus diferentes niveles, tanto local, regional, así como nacional–; sin embargo, no es lo único de lo que debe rodearse un gobernante; es requisito indispensable que éste sepa barajar las situaciones más difíciles, a fin de responder a la altura de las circunstancias, con criterio firme, sin ningún tipo de actitud vacilante.

Lo que considero significante entre muchas de las cualidades que requiere la autoridad, es la encomiable sabiduría para ejercer con ética el cargo que el pueblo le ha conferido. Una utopía dirían muchas de las personas que conozco, y que detestan hablar de política, comprensiblemente les asquea todo lo relacionado a esta noble arte. No es para menos, luego de los destapes de corrupción más escandalosos de toda América Latina; empero ello pasa también por la desaparecida voluntad de forjar partidos con principios, cuya vocación no sea primordialmente eleccionaria, sino que vaya más allá, en tanto que su principal tarea sea formar a ciudadanos comprometidos con el cambio del país, luego de una observación detenida de la realidad que nos circunda, y nos pone como testigos protagónicos de la desigualdad económico-social que impide el desarrollo integral de la comunidad valorada en su conjunto.

En ese orden de ideas, aprecio como indispensable, al momento de elegir a nuestra siguiente máxima autoridad, escanearle los antecedentes partidarios, hacer un seguimiento sesudo respecto de su trayectoria política, y desde luego no  pasar por alto su calidad de militante. Son estos pequeños registros, los que nos podrían dar mayores luces en cuanto a la calificación de fulanito para asumir un cargo tan importante. No seamos irresponsables la próxima vez que vayamos a emitir nuestro voto; es momento de romper con las prácticas a las que nos ha acostumbrado la minoría dominante.

Agregue un comentario

Close Menu