LAS BAMBAS, ESTADO DE SITIO

LAS BAMBAS, ESTADO DE SITIO

POR : DIEGO NEYRA

En el conflicto social que lleva más de 200 días en la frontera entre Apurímac y Cusco se disputa el destino del país. Mejor dicho, el destino y los intereses de dos naciones. Por un lado, los intereses de China y por otro los del Perú.

El conflicto enfrenta a las corporaciones del proyecto «Las Bambas» con la comunidad campesina de Fuerabamba, por 39 hectáreas de terreno que sirven para el paso de los camiones cargados con 6 millones de dólares diarios de mineral de cobre hacia el puerto de Matarani en Arequipa, para su exportación a diversos lugares del mundo.

¿A quién pertenece Las Bambas?

Las tres mega-empresas que controlan el proyecto (MMG, Guoxin y CITIC) son de capitales chinos, con fuerte influencia del Estado que controla el Partido Comunista de ese país. El proyecto representa para el gigante asiático no solamente la venta de los dólares señalados más arriba, sino que además le permite ampliar su control de la producción mundial de cobre. Hace años, China y EEUU están en una disputa por el control de los yacimientos cupríferos del globo. Como es obvio, las reservas de este mineral son finitas y quien controle el mayor porcentaje tendrá dominio sobre la producción industrial del otro. Eso explica la importancia que tiene para la Embajada de la República Popular China garantizar la posesión de los proyectos de cobre en el centro y sur del país, y acelerar la imposición en el norte (Río Blanco).

La disputa por la propiedad

El Comercio, que destila pavor cada vez que una comunidad o pueblo protesta, resume el quid de la cuestión: el proyecto minero requiere de la carretera que pasa por territorios que pertenecen legalmente a la comunidad.  Las mineras no quieren reconocer dicha propiedad, y, de hecho, hasta antes del paro, tenían posesión de la vía. Para evitar respetar la propiedad comunal, han recurrido, por supuesto, al Estado, para que asigne, a una vía por la que solo transitan sus camiones, el carácter de nacional. Con esta leguleyada, simplemente desconocerían el derecho de la comunidad y harían uso casi exclusivo de la carretera. El Estado, otorga así el carácter de nacional al uso privado y extranjero de una vía. Una de las pocas cosas que exige la comunidad es que, ya que van a expropiar la vía, se indemnice a la comunidad por la pérdida de los territorios aledaños a la carretera, con casi 40 millones de dólares. Cifra que a las estatales chinas les parece de espanto. Solo quieren pagar menos de 2 millones. Si consideramos lo que transita por esa vía (6 millones de dólares diarios en cobre), las mineras solo quieren dejar la tercera parte de lo que exportan en un día y se niegan a aceptar el frugal pedido de la comunidad que exigen que entreguen en menos de 7 días de exportación por la pérdida total y definitiva de parte de sus territorios. Eso sin contar los altos niveles de contaminación que el traslado del mineral implica. Las empresas, para acelerar la salida del mineral han buscado vías alternativas, lo que ha despertado que las comunidades cusqueñas por donde ahora pasan los camiones se sumen al malestar por el alto grado de polución que los residuos minerales dejan en el viento.

Los falsos liberales

Desde el señorón Jaime de Althaus hasta el pueriloide Aldo Mariátegui, y bajo la impoluta dirección de El Comercio, los periodistas vendepatrias han gritado a los cuatro vientos que el país se hunde si no nos arrodillamos a los intereses de las mineras en «Las Bambas». Como si hubieran recibido directivas del Partido Comunista Chino, vociferan contra la legítima protesta de los peruanos del centro y sur del país. Leer el pensamiento de estos autodenominados liberales, tan contrario a los principios mismos del liberalismo da para un estudio hasta antropológico. Liberales defendiendo los intereses económicos de una dictadura comunista. Los enemigos de la intervención del Estado, fungiendo de cancerberos de empresas estatales (claro que extranjeras). Los defensores a ultranza de la protección de la sacrosanta propiedad, pidiendo que se expropie a la fuerza, por interés nacional, la propiedad de las comunidades campesinas. Aquellos que se rasgan las vestiduras por las expropiaciones velasquistas, claman ahora para que la policía nacional ataque a sus propios hermanos y compatriotas en defensa del estatismo chino.

La disputa de fondo

Aunque parezca un asunto estrictamente local, no lo es. Y los primeros en declararlo como asunto nacional han sido precisamente los oligarcas que negocian con el capitalismo chino. La todopoderosa CONFIEP ha llamado a poner mano dura, a reprimir y abrir paso al cobre que necesitan sus patrones de China.

Examinada más a fondo la cuestión, es posible vislumbrar que esta pelea asusta al gran capital porque marca una línea divisoria entre dos modelos productivos y morales que se enfrentan en pleno corazón de los andes. También entre dos formas de entender la propiedad y la inversión. Pero, sobre todo, entre dos formas de asumir el interés nacional: aquél que se asume subsidiario de los intereses de las transnacionales y aquél que se asume soberano y patriota. O nos arrodillamos a los intereses chinos o nos levantamos para recuperar la soberanía de nuestras tierras.

Tres propuestas para desenredar el ovillo                        

No es suficiente quedarnos en el análisis y la solidaridad expectante. Es necesario que las fuerzas sociales y políticas de salvación de la patria contemos con un curso de acción bien definido y contundente. Esta gran batalla de intereses se debe resolver en favor de nuestra soberanía y dignidad nacional desarrollando tres ejes de dirección:

1. Elevar las resistencias locales contra las corporaciones mineras a una ofensiva de carácter nacional por la recuperación y salvación de la patria.

2. Imprimir carácter político a las movilizaciones y pronunciamientos: avanzar del pliego de reclamos y las infructuosas mesas de diálogo a las consignas por recuperar la tierra para los peruanos, soberanía irrestricta sobre nuestros territorios y una nueva reforma agraria.

3. Desarrollar los principios y la demanda por Nueva Constitución, surgida desde las bases sociales y con propuestas concretas para resolver los diferendos con las corporaciones, siempre dando prioridad a nuestros connacionales. Los elementos de la tierra que fungen de recursos naturales deben ser de soberanía inalienable de nuestra sociedad. La decisión de qué explotar, cómo explotar, cuándo, a qué precio y con qué beneficios debe ser de dominio exclusivo nuestro, evitando al máximo la depredación de la tierra.

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