LA SOCIEDAD CAPITALISTA ES LA DISTOPÍA

LA SOCIEDAD CAPITALISTA ES LA DISTOPÍA

POR : ESTEBAN MARTINEZ

Hacer una lectura política de la actual coyuntura puede parecer políticamente incorrecto, porque si en algo estamos de acuerdo es que todos estamos apostando por la vida. ¡Y cómo no poder estar de acuerdo con eso! Ya hemos sido interpelados por los medios de comunicación que el Covid-19 es democrático ya que no distingue de clase social, género o raza. Las cuestiones políticas hay que dejarlas para los necios como Trump, Bolsonaro o Maduro (que, por alguna razón siempre entra en los ejes del mal). En esta coyuntura “distópica” no habría distinciones entre gobernantes y gobernados, empresarios y trabajadores, derechas e izquierdas. Todos hacen denodados esfuerzos y sacrificios por sobrevivir. Todos lloran por igual a sus muertos. Efectivamente, el Coronavirus es un agente patógeno que, en cuanto a su carácter viral es “democrático” porque es algo externo a nuestras categorías sociales. Es la sociedad la que no es democrática, por más que se precie de serlo (de hecho, por definición solo lo social puede ser no-democrático). La afectación no es la misma para todos, porque la vida no está exenta de la abstracción capitalista. La vida humana de las élites no vale lo mismo que la vida de los trabajadores.

De un momento a otro los poderes gubernamentales quieren ser “biófilos” (para emplear un concepto de Fromm), cuando el sistema capitalista es la encarnación de lo tánatico, de aquello que se nutre de la vida (humana, natural) para existir, como un vampiro. Como refería Marx, “el capital… es como un vampiro, vive sólo de chupar trabajo vivo”. De pronto, los gobiernos se ponen biopolíticos para hacer frente a la pandemia y proponen formas de control social y regulación de la vida. Entonces, ¿qué propones? Efectivamente, todos estamos de acuerdo en las medidas biopolíticas como las cuarentenas o los distanciamientos sociales y antes que inquietarnos, desde una posición liberal, por un posible retorno a los “estados de excepción” nos cuestionamos por la “biopolítica capitalista” ¿Qué vida puede regular el capitalismo? La biopolítica capitalista para los trabajadores no puede ser más que la regulación y cuidado de la vida para que puedan subsistir como fuerza de trabajo.

Sí que hay responsables de la alta mortalidad producto de la pandemia en los países y no son, precisamente las personas que transgreden las cuarentenas. El responsable es el sistema capitalista. Responsable de la precariedad de los sistemas de salud pública desvalijados por los gobernantes y las élites neoliberales que evaden impuestos que podían pagar los respiradores, las camas de hospital, los implementos médicos de seguridad o los bonos universales para las familias que vienen afrontando la cuarentena en condiciones de hambruna. Pero también son responsables por comercializar con especies, por destruir sus ecosistemas, por producir y comerciar comida chatarra que genera vulnerabilidad en la población o por constituir una cultura consumista. La violencia sistémica ha producido las condiciones de pobreza y  exclusión en la mayoría de la población que no cuentan con servicios básicos como el agua potable, que viven de actividades de sobrevivencia en el día a día y que en la retórica neoliberal y en la estadística cuentan como no-pobres, vendiendo la fantasía de que el “Perú avanza”.

La contingencia pandémica solo abre posibilidades políticas en la medida que pone de manifiesto síntomas sociales. Los síntomas no son “progresistas”. El Coronavirus no derrumbará al capitalismo por sí solo, ya que éste por sus propias contradicciones no va a caer. Como ya lo ha demostrado, el capitalismo, más bien, saca provecho de las oportunidades, para renovarse en su forma y mantener su contenido, retrasando su derrumbe. La distopía no es este contexto trágico de la pandemia. Ya estaba aquí en nuestra normalidad capitalista que  teníamos. De hecho, esta coyuntura es un breve respiro del planeta, de la vida frente al poder del capital que suscita distancias respecto a la conformidad ideológica que puede llevar a la reflexión, en el sentido de imaginar -parafraseando a Jameson y Žižek- un mundo no-capitalista antes que al fin del mundo.

El comunismo hoy podría entenderse en relación con la interpelación de Marx: “uníos”. Uníos en torno a lo común. Es la explotación de los trabajadores lo que sostiene al sistema y lo demuestran los trabajadores de la salud o de la limpieza, los cuales, parafraseando una escena de Fight Club, “son los que cocinan tu comida, los que recogen tu basura, los que hacen tus comunicaciones, los que manejan tus ambulancias, los que te cuidan mientras duermes. No te metas con ellos”. En efecto, el sistema “produce sus propios sepultureros”. Su hundimiento y la victoria solo depende de nosotros, de la praxis política. Se exige de la izquierda y de los que apostamos por la transformación social no conformarnos con pequeñas medidas intervencionistas, sino una lectura sintomal de la sociedad y de la oportunidad política que se abre no solo en contra del neoliberalismo, sino en contra del sistema capitalista, el cual, como lo constata la historia, sacrifica la vida para salvarse como sistema.

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