LA REPRESENTATIVIDAD COLAPSADA Y EL RETO DE LA IZQUIERDA

LA REPRESENTATIVIDAD COLAPSADA Y EL RETO DE LA IZQUIERDA

POR: GUILLERMO BERMEJO

“La representatividad colapsada” es la frase del presidente Vizcarra que mejor define la situación del país que lleva a este nuevo escenario de recorte del mandato congresal, presidencial y adelanto de elecciones. El poder judicial sin dejarse desinfectar, el congreso con la agenda pro impunidad y el ejecutivo maniatado por los intereses de las trasnacionales han potenciado el desencanto ciudadano con un modelo económico, que dan cifras de desastre año tras año, al que ninguna encuesta puede maquillar.

No será fácil este periodo de transición a las nuevas elecciones generales. Nadie puede dudar que, presentado el proyecto en mención, el fujimorismo, el Apra y retazos de otros grupos parlamentarios harán que sea inviable, en coro con sus acólitos del periodismo. Ya desde el anuncio mismo han pretendido justificar su oposición al recorte con burocráticos argumentos, olvidando que una crisis política de esta magnitud se resuelve políticamente y no con leguleyos pareceres que la población no va a aceptar.

Entonces, bajo esta premisa, no le quedara otro camino a Vizcarra que llamar a Referéndum para finales de año, en el que tampoco es difícil adivinar el triunfo rotundo de la propuesta. Así que, al congreso más que cesarlo, habrá que desalojarlo por la razón, los votos y la movilización.

El centenar de luchas sociales, desconectadas unas de otras y con tantos matices como la grandeza de nuestro país, ocupan hoy el lugar de la soñada vanguardia contra el sistema político y económico. Junto a esto, el hastío ciudadano, sin organización ni líder visible, fueron dupla decisiva para este escenario que obliga a Vizcarra a ofrecer su cabeza si es el precio de cerrar ese centro de operaciones del crimen de alto vuelo que es el Congreso y ganar el aplauso de las calles. Vizcarra se va pensando en el 2025 (si las decenas de denuncias en su contra no lo consumen como a sus antecesores) y con la posibilidad de colocar un delfín en las próximas elecciones.

Tienen razón los que dicen que Vizcarra pretende ganar tiempo para colocar leyes anti laborales y pro mineras. Pero esa es una batalla que desde el campo popular debemos asumir con más entereza y compromiso que nunca y que además puede ser combustible a favor para el escenario electoral. También coincido con que la derecha procura hacer un recambio de figuras ante sus ex presidentes y líderes presos, muertos, por extraditar y procesados. En sus laboratorios ya deben estar trabajando para hacer de Julio Guzmán algo más que un producto de mercadotecnia, de Barnechea un tipo empático, de Acuña algo menos patético y de Roque Benavides alguien con esquina y barrio.

El libreto de mentiras y clientelismo para continuar con el saqueo a la patria no nos debe asombrar. Lo que nos debe preocupar desde la izquierda es cómo afrontar la batalla electoral que se aproxima. La unidad es algo que se debe resolver no en meses sino semanas. La sinceridad de los dirigentes y las organizaciones es urgente para saber si vamos en una sola fórmula o no, si aprendimos la lección de la última elección ó vamos a repetir los errores tácticos y programáticos y los horrores éticos y políticos. Si vamos a democratizar la forma de elegir o algunos todavía se sienten candidatos naturales. Si vamos a extender la unidad a las organizaciones populares ó la vamos a cerrar entre las organizaciones políticas de izquierda.

Y en ese bravo oleaje de construcción de una opción viable para el pueblo en este 2020, saber si los socialistas y revolucionarios al fin vamos a golpear como un solo puño ó continuamos como ese archipiélago de fuerzas dispersas que no entiende su misión histórica.

El reto es grande, pero, como pocas veces en la historia, tenemos al enemigo contra las cuerdas, con dos caídas y tambaleante, políticamente hablando. Derrotarlo dependerá de la grandeza con el que enfrentemos este periodo.

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