LA NORMALIZACIÓN DE LA BARBARIE

LA NORMALIZACIÓN DE LA BARBARIE

POR : ESTEBAN MARTINEZ

Es a eso a lo que nos está llevando la sociedad neoliberal, en tanto el discurso gubernamental vende una retórica que señala que estamos arribando una supuesta nueva convivencia basada en el cuidado de sí, cuando lo que viene aconteciendo realmente es que nos estamos preparando efectivamente para una convivencia pero con lo real del sistema que es aún más violenta que el shock neoliberal de inicios de la década del noventa. La nueva convivencia que ya estamos viviendo es con la muerte, con la hambruna, con el desempleo, con la informalidad.

Tan tanático se va tornando el mundo estructurado por el sistema capitalista, que la resistencia y la movilización social que es la que única vía que puede iniciar el vuelco hacia la lucha por construir un sistema que vele por la sociedad y la vida, se ve amenazada por la pandemia, como ha sucedido con el número de contagios en la gente que se viene elevando, una vez que se han sucedido las protestas anti-racistas en los Estados Unidos. En base a esto se pretende deslegitimar la protesta social puesto que éstas no respetan el distanciamiento social. No nos podemos quedar con esta retórica que pretende separar las problemáticas cuando son parte de un mismo problema. Están sobredeterminadas por el sistema.

Como se ve, en tanto se profundiza en el capitalismo en medio de la pandemia priorizando la economía (el dogma neoliberal) a la vida y a la sociedad se va constituyendo una polarización social entre las mayorías sociales cada vez más empobrecidas y más vulnerables, por un lado, y a los grupos de poder económico, por el otro; dando cuenta del antagonismo al que ha llevado la acumulación de poder y riqueza de los grandes empresarios en estas últimas décadas. Esta polarización social no llevará a ningún lado por sí misma, si no se moviliza y se articula en un proyecto radical, sino se constituye un sujeto político.

La “primavera” en Estados Unidos a través de las luchas anti-racistas ha venido avanzando y ampliando sus demandas en contra de ese inconsciente estructurado por el amo capitalista. No menos importante es que en estas acciones contenciosas se ven derribando estatuas representativas de los colonialismos, puesto que ello da cuenta no solo de una conciencia crítica, sino también de una disposición al acto disruptivo y de una creciente intensidad de los afectos de rechazo y de pérdida del miedo en la gente.

La nueva convivencia tiene que venir de la acción social de masas y de la articulación de una propuesta política radical. La crisis es un momento eminentemente político, una oportunidad política. Sí, es una situación de emergencia, pero también una situación que amerita movilizarse en contra de los límites constitucionales, de los dogmas (del mercado, de la economía) si no queremos vivir en un estado permanente de barbarie en convivencia con la muerte.

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