LA NORMALIDAD IDEOLÓGICA

LA NORMALIDAD IDEOLÓGICA

POR : ESTEBAN MARTINEZ

Lo que ya se sabe es que el Perú está acelerando el levantamiento de la cuarentena, por presión de los grandes grupos de poder económicos del país, para que la economía siga marchando tal como ha venido marchando estos últimos 30 años, velando incluso las cifras de contagios o muertes de peruanos y peruanas o no dando cuenta de datos ocultos y lo que se puede venir para no generar alarmas sociales.

Se habla de que no hay que esperar un retorno a la normalidad tal como la concebíamos, pero ¿Cómo se entiende la normalidad? ¿Cómo entienden la normalidad nuestro gobernantes? Pareciera que todos coincidimos en que lo que se viene después será otra “normalidad social”, la cual va a depender de cada uno para hacerla posible y para poder salir bien librado. Es esa la fórmula discursiva que viene ensayando el poder gubernamental para articular a la sociedad en la pospandemia y que será la que se siga postulando apelando incluso, como ya se viene haciendo, a la solidaridad de todos (esa que ha sido “tan cultivada” en la cultura nacional). Pues esta fórmula es profundamente ideológica. Es más de lo mismo, es la normalidad ideológica de estos últimos 30 años.

Ya los estados de emergencia tienen el sello ideológico neoliberal al apelar a la buena voluntad y al “alma bella” de los agentes individuales como cuando se le dice a la gente para que sea responsable y disciplinada para no contagiar a sus semejantes, como cuando se les pide permiso a los grandes empresarios para que donen de algo de sus riquezas, como cuando se pide como favor a los farmacéuticos o a los vendedores que no eleven los precios de sus productos.

El horizonte es claro para los ideólogos neoliberales constituir una nueva normalidad social a partir de la preservación del dogma. Se puede decir que hay dos tipos de normalidades para los neoliberales: una incuestionable, intocable e inflexible (la económica) y la otra variable y sujeta a la variable del riesgo y la incertidumbre (la social). La primera tiene que ver con la preservación de la ortodoxia neoliberal y la otra, aprender a vivir en la sociedad del riesgo que implica crisis, pobreza, hambruna, etcétera.

En su visión sobre la sociedad y al Estado, es la sociedad la que debe afrontar el “principio de realidad” de la precariedad de los recursos y (la espera) de la asignación de recursos focalizados dentro del marco de posibilidades que permita el Estado y la democracia mínima. Otra esperanza que se abriga es el nuevo ciclo de crecimiento para que “chorree” algo de la riqueza a los pobres como auguran los tecnocrátas para el 2021. Mientras tanto, la gente deben arreglárserlas para sobrevivir; total… ya estamos siendo entrenados de manera intensiva en la sociedad del riesgo.

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