LA GENTE SABE QUIÉNES JUEGAN CON SU INDIGNACIÓN

LA GENTE SABE QUIÉNES JUEGAN CON SU INDIGNACIÓN

Por: Alex Albornoz

“El neoliberalismo es el paradigma de la patrimonialización del Estado, porque es agarrar lo que es de todos y utilizarlo para tus amigotes. Mejor si es tu cuñado, mejor si es tu esposa que tiene algunos amigos accionistas en el extranjero.”

Alvaro García Linera

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Las continuas crisis que atraviesa el país ha elevado como la espuma el descrédito hacia los políticos, donde los únicos que no pierden son los oligarcas locales que son en términos sencillos son los implementadores del actual régimen del «Modelo» siempre bajo la atenta mirada de la gran oligarquía extranjera. Ellos son la élite, la casta, la crema innata del establishment; el tablero político lo manejan ellos, si en el Perú la «Oligarquía» tiene que golpear al fujimorismo, lo harán sin mayores reparos y si tienen que disuadir a la tecnocracia liberal que puede poner en juego la estructura rígida del Modelo por disputas internas de poder, también lo harán sin pestañear mucho.

Por eso, pueden tranquilamente replicar por sus medios de comunicación, las llamadas “demandas ciudadanas” como “Cerrar el Congreso” y hacerlos pasar por un momento como las “reclamos” que las calles “demandan”, frente al hartazgo que generan los políticos o la política. Obviando la propia naturaleza del régimen del Modelo y relativizando las contrariedades y sinsabores latentes en la ciudadanía; con astucia señalan que las continuas crisis que atraviesa el país son generados solo por un puñado de señores que se dicen, así mismos: políticos, y propagandizan por un rato el sentir de las calles y el repudio generalizado hacía la clase política indistintamente sean de derechas o de izquierdas, no interesa, porque en el fondo eso les beneficia. Basta ver el continuo cálculo de Roque Benavides cuando se sitúa en el sector de los “indignados” cada vez que puede, y con él, a todo el sector que representa.

En esa puesta en escena hay que darnos cuenta como recrean “salvadores” sacados de la ficción de sus relatos y que tienen en perfiles, a menor escala, como el Alcalde de la Victoria, George Forsyth, personajes para llenar los vacíos de representación que efectivamente existen en la población de la capital. Y a mayor escala, mañana podrán ser Julio Guzmán, Barnechea u otro que juegue a sus intereses y generen falsas expectativas a nivel nacional, perfiles que no se salgan de la «hoja de ruta» que establece el modelo neoliberal en el Perú y en toda la región, que es la que justifica que los países de América Latina sean solo proveedores de materias primas, lo que lo convierte en un modelo desgastado y caduco en pleno siglo 21.

En esa «línea de consenso» con el régimen trabaja la gran prensa, de capital oligarca, que tiene una afiliación política que se contrasta muy bien a través de sus líneas editoriales, que sin reparos blindan abiertamente al régimen neoliberal y al poder de turno que garantice su estabilidad porque son las apuestas políticas que su “libertad de empresa” se esmera en salvaguardar. La contradicción y la ambigüedad de la “libertad de prensa” que pareciera que levantan los coristas de la opinología a sueldo, queda de saque en un según plano y evidenciada: en consenso advierten por igual el mismo discurso, asumiéndose jueces y fiscales que decretan a los “buenos y a los malos”.  Los trabajadores de sus empresas, es decir, los periodistas, asumen esos cánones y replican esa filiación de pensamiento desde las apuestas ideológicas de las derechas. La profesión no exime al periodista de su simpatía política o ideológica, son lastimosamente los formadores de la opinión pública y del sentido común hegemónico.

Pero, la farsa sobre la “defensa de la democracia” versus la odiada clase política tiene un tope, que cambia de careta cuando surgen voces que empiezan hablar de un «nuevo proceso constituyente y un nuevo contrato social», y es entonces, cuando estos señores alebrestados pasan a titular esas «Voces del Cambio» como ideas radicales o populistas, para así, volver a restablecer el equilibrio en la percepción de la gente, afianzando la idea con la que visten la defensa del Modelo y a la que denominan por la “institucionalidad democrática” del País. No obstante las elecciones presidenciales suelen evidenciarlos, el 2016 todo el aparato y los millones del establishment le decía al pueblo que PPK era el camino, frente a una Vero Mendoza que representaba el “chavismo”; lo curioso es que luego esta “izquierda oficial” limeña no tuvo mejor gesto con el viejo orden moral que llamando a votar al pueblo sin reparos por el mayor lobista extranjero, al cual luego Odebrecht se encargó de tumbárselo.

Pareciera que el mayor caso de alta corrupción nacional que involucra hasta ahora a ex presidentes, líderes políticos y miembros de la oligarquía peruana (y su «Club de la Construcción»), no ha podido generar la indignación que en otros países hubiera causado una revuelta político social y el inicio de una consecuente transformación de la nación. En Islandia se sancionó la corrupción y la especulación financiera de los banqueros responsables de la terrible crisis que generaron en ese país, o como en Bolivia el derrocamiento del gobierno neoliberal de Sánchez de Lozada a través de un levantamiento popular logró cambiar el rumbo del pueblo boliviano, dignamente representado en la figura de Evo Morales.

Cierre de un ciclo

El urgente «cierre del ciclo derrotero de las izquierdas», va requerir que se deje notar abiertamente, un antes y un después; es decir la «continuidad» que representa(ba) la alianza del progresismo liberal y la izquierda tradicional, versus, el «cambio» que representa una izquierda antineoliberal, con arraigo popular. Por eso mismo, Mas Democracia con Gregorio Santos y Perú Libre con Vladimir Cerrón, han iniciado un proceso de cambio y nuevo rumbo dentro de las izquierdas, donde el reto mayor pasa por lograr forjar y establecer un lenguaje propio, que diste de los postulados del progresismo liberal y de la izquierda tradicional y su agenda política que suelen negociar la indignación del pueblo con pactos por la gobernabilidad,  aun cuando estas concesiones con el Modelo son en detrimento de la propia gente muchas veces movilizada. Sun Tzu, no se equivocó cuando dijo que «Sólo cuando conoces cada detalle de la condición del terreno puedes maniobrar y luchar».

El pueblo, la gente de a pie, va notar la presencia de un proyecto político distinto y serio, cuando ese nuevo espacio político, logre diferenciarse del grueso de la clase política del país que la gente reconoce muy bien y en la que ya no cree, ni desea que lo obliguen a votar por los mismos que se presentan siempre.

Lograr conformar un gran «partido-movimiento» diferenciado; casi como la expresión misma de las demandas populares largamente postergadas, donde el establishment dirija sus misiles produciéndose abajo el «efecto inverso» y donde los debates nacionales no solo se limiten a las reivindicaciones, sino, sobre todo por un profundo proceso de emancipación, de conquistas de derechos e igualdades; es la responsabilidad histórica que le toca asumir a las nuevas generaciones que se asumen socialistas frente al arcaísmo que representan los neoliberales.

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