IMPUNIDAD Y POLÍTICA: a propósito del suicidio de Alan García y la muerte del APRA
AFP PHOTO/Luis ROBAYO

IMPUNIDAD Y POLÍTICA: a propósito del suicidio de Alan García y la muerte del APRA

POR : JOSÉ MANUEL MEJÍA

La política no siempre estuvo coloreada de memes, posts y tweets. Esto lo saben bien los comunistas, los sindicalistas, los anarquistas, las feministas, los estudiantes y campesinos, así como cualquier movimiento o partido que haya actuado por medios proscritos para conquistar un futuro para las próximas generaciones. Los costos de las luchas fueron siempre altos: exilio, represión, prisión, tortura, muerte. Esto lo saben mejor unos movimientos y partidos que otros. Es la lucha de clases el motor de la historia, y la historicidad ese sentido a que se dirige el futuro en permanente conquista.

Sin embargo, la política no solo se manifiesta por medio de la lucha. Sobre todo hoy en día, hay quienes eligieron abandonar la lucha del pueblo y venderse al mejor postor, hicieron de la política y del poder su fuente de riqueza, y usaron al estado para favorecer a los suyos y pagar favores. Ahora, parece que la corrupción, al emplearse como un medio para hacer y hacerse de la política, ha motivado que se reaccione a ella con formas de castigo similares a las que enfrentan quienes luchan. Y eso se debe a que las luchas están dirigiéndose a contrariar la impunidad –que complementa el modus operandi de la corrupción–, exigiendo el castigo que les impone a los corruptos el principio de igualdad ante la ley.

El suicidio del líder aprista Alan García (expresidente de 1985-1990 y 2006-2011), justo antes de ser detenido preventivamente como parte de los procesos judiciales que enfrenta por corrupción, nos permite dar cuenta de lo expuesto hasta aquí. El aprismo fue un partido de cuadros importante durante el siglo XX, cuyos militantes sabían a qué se enfrentaban si es que eran capturados. Sin embargo, otro es el APRA de Alan García, y otra es la respuesta que ofreció al encarcelamiento, castigo que enfrentaron no solo muchos apristas en el siglo XX sino también algunos otros en estas últimas décadas por juicios de corrupción similares.

El costo de la corrupción para el expresidente Alan García, fue el mismo que no pudieron elegir tantos luchadores que sí murieron del lado del pueblo. El suicidio de Alan García no es más que un vil escape a un juicio del que se sabía culpable, pero esto no lo eximirá jamás del juicio de la historia. El APRA, el fujimorismo y sus aliados de la prensa, además de aplicar una estrategia de victimización, lo que buscan es remover los alineamientos morales y la ética que se construye por la indignación de la ciudadanía y la lucha del pueblo contra la impunidad. Hoy es cuando todos quienes se atreven a luchar, deben sentirse orgullosos de sus principios y ser consecuentes.

La aceleración del tiempo histórico en que vivimos nos está llevando a vivir la política desde tan lejos y, a la vez, desde tan cerca. Lo que creemos que es información sobre los hechos propios de un espacio aparentemente distante, es en realidad un evento muy cercano y vinculado a nosotros, con la particularidad de que lo vemos por una pantalla pequeña que apretamos en las manos. La política del tweet y del post, es tan real como el suicidio de Alan García y la muerte del APRA. Es momento de afirmar y asumir nuestro compromiso en la lucha del pueblo contra la impunidad y no dejar que la cale la confusión. Alan García eligió morir como un corrupto porque no tenía forma de resarcir sus actos, su historia estaba manchada por su propia mano y el APRA no podía blindarlo más.

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