HABLEMOS DE LA UNIDAD

HABLEMOS DE LA UNIDAD

POR: GUILLERMO BERMEJO

He planteado en anteriores escritos lo atinado y a tiempo que considero se están dando los encuentros, planteados por distintas organizaciones, para irnos planteando la unidad. Ciertamente los más críticos cuestionan que solo se de para el tema electoral mientras en el bando entusiasta creen que por ahora solo para eso alcanza.

Los desconfiados sostienen que finalmente se ira por separado y no les falta razón; existen sectores dentro de las organizaciones que ven a sus lideres con tamaño presidencial y bregaran porque así sea. Y como sigue vigente aquello que planteaba Lenin de que aún tenemos el hedor de la burguesía, aun dentro de las organizaciones populares, en esta categoría transitan los que lo hacen por calculo personal, grupal o peor aún, por esa vieja y letal costumbre de querer manejar las listas. Otros se plantean primarias de un militante un voto y otros lo aceptan con la condición que se de fecha limite para inscribirse en un padrón y no se pase por cuestionadas experiencias pasadas. A esto debemos sumarle los que ya han marcado posición en contra de la unidad y están ofertando futuras postulaciones para dividir por dentro las organizaciones.

Con este abanico de ambiciones, sustento que lo mejor que puede pasar es que vayamos sacando las cartas y poniéndolas sobre la mesa. Yo creo inadmisible que se plantee la unidad sin tener claro la caracterización del Perú en esta época. Sin punto de partida la meta se hará difusa. Somos un país al que le dictan la economía desde el FMI y la seguridad desde el Comando Sur, que mantienen tropas norteamericanas de forma permanente en nuestra tierra, mandando en los cuarteles. Nuestra política exterior es una mesa de partes de la Casa Blanca. Nos han puesto Tratados de Libre Comercio que están por encima de la constitución. La propia constitución es una versión donde somos tratados como extraños en nuestra tierra.

Nuestros burgueses y oligarcas prefieren la dictadura que un gobierno de izquierda y no van a cumplir si quiera su función histórica de industrializar el país, por temor a un proletariado creciente; su papel es el del rematar las riquezas a cambio de ser el socio menor del saqueo trasnacional. Nuestro sistema electoral es elitista y hasta voces lejanas a la izquierda lo reconocen. Es decir, somos una semi colonia. Tenemos parlamento sí, pero solo funciona para administrar los intereses de la burguesía y el imperialismo.

Y los resultados están a la vista: la desnutrición y la anemia infantil, la deserción escolar, la explotación, el desempleo y el sub empleo, la falta de planificación frente a las epidemias, friajes y desastres naturales, la pobreza a la que se le cae el maquillaje cada año, el narcotráfico creciendo e impune, la corrupción galopante y una justicia que no se encuentra, nos hablan de la necesidad de cambiar de norte. Que el capitalismo ya demostró su rotundo fracaso no debe estar en debate. Su incapacidad de darle al peruano una vida digna, tres décadas después, obliga a jubilarlo o despedirlo.

Entonces entra al debate que tan amplia debe ser esa unidad de la que hablamos. Porque si se trata solo de montar tácticas para ganar, como ya se hizo con Ollanta y con Susana, pues sabemos bien como acaban esas historias. Que fueron ambas elecciones sino un montón de entusiasmo, sin certezas, que fueron sino ambigüedad pura que terminaron enlodadas en las prácticas de la derecha que decimos combatir. Que fueron finalmente, sino un retroceso para el movimiento popular, porque nos quitaron la aureola de honestidad y eficiencia al gobernar.
Una izquierda mínimamente antiimperialista no es un antojo ideológico, es un deber. Mas con la descarada política norteamericana que esta costando millones de vidas en todo el orbe y amenaza a Latinoamérica. Cuando EEUU se cree con derecho de decidir quién si y quien no puede gobernar cada país, las alertas nos deben empujar a sacar toda la dignidad para sostener nuestra soberanía. Entonces la exigencia para la unidad debe plantear, para todas las organizaciones, el rompimiento con organismos del imperialismo como la USAID, la NED, el Instituto Republicano o Demócrata o cualquier mascarada que se infiltra a las organizaciones populares como caballos de Troya.

También creo que la tarea por la Asamblea Constituyente no puede esperar a ser gobierno como plantean algunos compañeros. Sería un mejor escenario ir recolectando las firmas para cuando al ganar (o tal vez perder) no dependa de un congreso en el que no tendremos mayoría para ese objetivo. Hacerlo ahora nos llevaría a conectar con ese pueblo que no esta en los golpeados, divididos y venido a menos sindicatos, ni en las pequeñas, aunque combativas, organizaciones. Y desde luego los réditos serian mayores pues se lograría mayores niveles de conciencia con ese grueso que no participa ni se entera de nuestros encuentros ni de sus declaraciones o documentos. La practica que contraste con la teoría, en resumen.

Todo lo demás estará en la capacidad de renunciamiento de los que hoy se presentan como presidenciables. El 2021 no se trata solo de ganar una elección sino de iniciar el proceso de trasformación que el país necesita a gritos. Que el debate continúe, que los encuentros se multipliquen y que la unidad que necesitamos se logre. Y si esta no se da, al menos que el camino recorrido nos ayude a dar claridad a la mayoría de la población cual fuere el resultado final en las próximas elecciones.
Hasta la Victoria Siempre

This Post Has One Comment

  1. Bajo que égida idiologica propones la unidad, bajo el pensamiento comunista de la dictadura del proletariado (de los más DESPOSEÍDOS), enarbolando el marxismo leninismo maoísmo como doctrina ideológica? O solo con esas ambigüedades de las que planteas sin ni siquiera con un poco de nacionalismo? La pregunta es unidad para que y con que lineamiento ideológico? Teniendo en cuenta el accionar de sendero luminoso que ha estigmatizado negativamente el trabajo y pensamiento comunista.

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