#GOT: EL FINAL ES OSCURO Y ALBERGA HORRORES

#GOT: EL FINAL ES OSCURO Y ALBERGA HORRORES

POR : KELY IDROGO

El descontento y sabor amargo que deja el final –de temporada, y– de la serie Juego de Tronos, ha provocado diversos comentarios y cuestionamientos por una gran mayoría disidente y crítica, sobre todo de la última temporada, que dicho sea de paso, ha perdido la calidad de la trama argumentativa, que caracterizó por mucho tiempo a esta producción multimillonaria, que sin lugar a dudas marca un hito, en el universo de las series.

Vaya a saber uno las razones, que apremiaban a HBO, en su afán por culminar la exitosa serie, que terminó por enganchar incluso a figuras políticas de talla internacional. Lo cierto es que sin el respaldo argumentativo que imprime en cada página el galardonado George R. R. Martin, la producción televisiva ha caído en picada.

En efecto, Game of Thrones no solo es la calidad de imagen y fotografía que se nos vende al público espectador; tampoco, de modo independiente, los efectos digitales que han dado vida a tan increíbles criaturas, como los dragones –a quienes los habitantes de Poniente creían extintos–; ni mucho menos los grandes palaciegos, y lugares donde se rodaron las escenas más icónicas que captaron la atención de millones de televidentes; Game of Thrones es –por así decirlo– la miscelánea de todo lo antedicho, sumado a la psicología muy bien trabajada de cada uno de los personajes, que finalmente se manifiesta a través de los diálogos ricos y profundos que ha tejido el autor de la saga de los libros “canción de hielo y fuego”.

Como es evidente, sin el sustento retórico –que se traduce como el sello característico de George R. R. Martin–, la serie sufrió un revés irremediable. Se le ha amputado lo rico, lo vivo; la esencia misma bien lograda, que dio nacimiento –en un principio– a los personajes más genuinos, con quienes nos encariñamos por su honorabilidad, inteligencia, perspicacia, sabiduría; por su gracia y bondad; por su valentía, así como por su profunda humanidad. Y los hubo, aquellos que despreciamos desde un primer momento, por su vileza, impiedad; por su actitud maquiavélica e indolente; por encarnar la villanía en todas sus letras. Y los vimos morir, uno a uno; entretejiendo finalmente nuestra afinidad hacia aquellos que por circunstancias diversas –entre  ellas, la suerte–, se mantenían con vida. Cómo no emocionarse con la pequeña de los Stark, cuya personalidad intrépida y desafiante se mantuvo a lo largo de la historia. Ni qué decir de la madre de dragones, rompedora de cadenas, que visionaba un mundo diferente bajo su reinado, donde dejaba entrever que aboliría la esclavitud en todos los confines. Sin duda, dos de mis personajes femeninos favoritos de toda la serie, sin dejar de mencionar a la sabia y lúcida Olenna Tyrrel.

Y sin embargo, ya cuando habían echado a perder la temporada, por la simplicidad de los diálogos, y hasta por la falta de éstos, además de una que otra escena impertinente, terminan por darle un giro sobrecogedor a la psicología y personalidad de muchos de los personajes. Una Daenerys cegada por sed de justicia, cuya cordura se torna cuestionable; todo ello con la finalidad de forzar de modo negativo la apreciación del televidente, respecto de quien –según se daban luces– reinaría desde el trono de hierro.

Por lo visto para los productores, bastaron dos cortos capítulos para imbuir, en el público expectante, todo tipo de aberración por quien fuera en su momento la gran Khaleesi. Se equivocaron. Faltó desarrollo del personaje, verbigracia de su proceso demencial. Por lo que el choque que produjo el final de la historia de reyes y lores, en un gran número de fanáticos, entre los que me incluyo, deja una cruda desazón.

Por lo pronto, confío en que George R. R. Martin sabrá concluir exquisitamente los libros de la saga que dieron vida a la serie con más premios Emmy de la historia. Que se tome el tiempo que considere prudente. Tan excelsas obras no son para menos. Y que nos devuelva la emoción entera que HBO nos arrebató en estas últimas temporadas.

Pdta.: Yo sí creo en el nuevo mundo del que hablaba la bella Mhysa. Romper la rueda para dar origen al hombre nuevo –referencia por demás decirlo, bíblica, y marxista–.

Agregue un comentario

Close Menu