EL SOCIALISMO ES FUEGO PATRIÓTICO

EL SOCIALISMO ES FUEGO PATRIÓTICO

Por: Dante Morales

Desde que se instaló la dictadura neoliberal en los países latinoamericanos, los canales de resistencia han tenido un trabajo arduo. Como parte del acuerdo, las burguesías nacionales dedicaron sus esfuerzos a reducir cualquier atisbo de rebeldía. Lo podemos ver diáfanamente en el Perú, en Colombia o Paraguay. En estos países, salvo alguna arremetida del movimiento popular, la dictadura es poderosa. ¿Cómo plantear una salida a un modelo institucionalizado, que socava el pensamiento y el sentido común liberador?

La fuerza de las convicciones contiene un sustrato material visible y otro material que bebe de las creencias y emociones, aquella inmensa fe que nos remite al mito mariateguista. Nuestra gente está llena de fe, y esa fe, a la vez, está bastante llena de circunstancia. Porque si vamos a creer eternamente en la imposición de una verdad invicta e inmarcesible, fracasaremos y defraudaremos a las lágrimas milenarias de aquellos que nos ofrecieron la posibilidad de vencer. Todo con las masas, nada sin ellas.

Y son nuestros orígenes los que justamente nos llenan de circunstancia. Desde que adoptamos la cosmovisión precolombina de ubicuidad con la naturaleza hasta cuando rechazamos como pudimos el proceso de transposición cultural iniciado por occidente. Somos los herederos de aquella resistencia, y fallar no podemos. Menos aún, cuando las condiciones parecen, finalmente, propicias para el despegue de un movimiento de masas; y que los ejemplos de Cajamarca, Junín o Puno nos pueden clarificar.

Vivimos en un país con una informalidad que afecta a tres de cuatro trabajadores, con un salario mínimo vital que no cubre la canasta básica familiar, con doce mil millones de soles perdidos anualmente por la corrupción, con más de doscientos conflictos sociales sin solución en todo el territorio nacional, con personas que leen menos de un libro al año, con el tercer lugar en violencia de género a nivel mundial, con índices de pobreza maniatados para crear un escenario de bienestar y desarrollo, que ya nadie se cree.

La oportunidad, entonces, se ha creado. Los movimientos sociales van en franco crecimiento en casi todas las regiones del país. Lima sigue siendo un cerco, pero uno bastante endeble que también está en la búsqueda de un mito. La unidad es necesaria, pero no a toda costa. No desde el menoscabo del inmenso poder regional o desde la exotización de la andinidad. Tampoco defendiendo al actual régimen por unas lentejas o priorizando la salvaguarda de tus intereses partidarios en una futura repartición.

La poética tarea de vencer no está delimitada ni es una revelación ofrecida a los elegidos. Es el destino natural de los auténticos movimientos de liberación.

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