EL PUEBLO PAGARÁ REACTIVA PERÚ

EL PUEBLO PAGARÁ REACTIVA PERÚ

POR : ENYEL ASENCIO

El país del milagro económico, el país del boom minero, el del crecimiento económico imparable, el gran banquero del año, el país que “no tiene problemas” en afrontar una pandemia como si perteneciera al primer mundo, ha llegado a cien días de cuarentena. Cuarentena en papel, porque el pueblo no ha podido resistir más. La ayuda estatal nunca llegó, y si llegó fue en canastas que nunca fueron repartidas, y todavía hoy se encuentran en almacenes de municipalidades mediocres e improvisadas. Si bien es cierto, la pandemia se mantiene en auge, no obstante en el país del gran crecimiento económico, salvar a las empresas que nunca cerraron, que implementaron la suspensión perfecta de labores a sus trabajadores, ha sido lo prioritario para el gobierno. Y sin embargo, los impuestos son pagados por todos los peruanos; en ese sentido, los préstamos a las grandes empresas facilitados –supuestamente– de ‘buena’ fe, también lo pagaremos todos nosotros.

Mientras el gobierno central vertía un discurso visionario de cómo reacomodar el ingreso fiscal, de contar con una tributación con cohesión y justicia social; por su parte, los grandes empresarios recibían más de diez millones de soles en cada una de las empresas que representaban sus conglomerados, para sostener supuestamente la cadena de pagos de millones de empleados, que a decir verdad, hoy por hoy ya vienen siendo afectados por la aplicación de la suspensión perfecta de labores en perjuicio suyo.

Es lógico pensar que para el gobierno la política fiscal expansiva sea la única alternativa, porque así lo han llevado a cabo los ex ministros lobistas, maestros indiscutibles de la simpática actual ministra de economía, María Antonieta Alva Luperdi. Claro, porque es pecado en este país creer que existe manera de cobrarles a los que por hoy se llevan diez millones de soles gracias a la impericia y desfachatez del Ejecutivo, como es el caso de Cineplanet que aplicó a sus trabajadores la suspensión perfecta de labores, y a otros tantos despidió de forma indolente a punta de puro pretexto.

Claro, en Reactiva Perú el Estado es el garante de todas las empresas que han logrado el acceso a estos múltiples créditos. Y cuando hablo de Estado, obviamente me refiero a todo el pueblo peruano, que por medio de los impuestos directos e indirectos, seremos el soporte de esta arma de doble filo. De otro lado, existe un gran riesgo para las micro y pequeñas empresas que irán a la quiebra por las innumerables trabas que le impone el Ejecutivo, por no promoverlas y más bien por el contrario, restringir su actividad comercial. Un claro ejemplo de ello es abrir los grandes Malls de las trasnacionales chilenas, pero continuar suspendiendo la apertura de los pequeños locales comerciales, de necesidades de consumo básico.

Y es que el milagro económico no solo debe servir para solventar subsidios a las mypes, sino también para contribuir en una reforma tributaria que ayude a que la dichosa reactivación sea justa para todos, en igualdad de condiciones, ante el avance del letal libre mercado, que en tiempos de crisis sanitaria ha impuesto un costo de nueve mil soles el tratamiento por día para una persona con COVID19 en clínicas privadas, que en el colmo de la desvergüenza son clínicas que han sido beneficiadas mediante el plan “Reactiva Perú”.

Cuando hablamos de una reforma fiscal con justicia y cohesión social hablamos de una tributación que no caiga en el simplismo de la recaudación como lo viene –y se propone seguir– haciendo la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria – SUNAT, simplismo que se reduce a sus últimas charlas pos Covid19, donde la suspensión de pagos y una reprogramación de estos es lo máximo a lo que añora nuestra autoridad de recaudación tributaria, dejando de lado el debate sobre la necesidad de establecer un “impuesto al gran patrimonio” –popularmente conocido como el impuesto a los más ricos–, que supondría según los expertos un simbólico y necesario 1.5% de ingreso al ya decaído PBI pos pandemia. No obstante, así como Antonieta Alva baila al ritmo del pañuelo de la Confiep, la Sunat baila al ritmo del mismo pañuelo, considerando como herejía aperturar una reforma tributaria que impacte en los bolsillos de la clase acomodada, con la finalidad de ayudar a este país a salir de la crisis económica pos pandemia.

El simplismo de recaudación de la SUNAT se sostiene en la tan alentada política fiscal expansiva –menos impuestos, más gasto público y en consecuencia ningún gravamen más–, aquella que ha sido utilizada como emblema del crecimiento económico peruano por “ilustres” ex ministros de economía de la corrupta Odebrecht y su comadre la CONFIEP, al punto de casi llevar al país a convertirse en un paraíso fiscal. Oxfam Perú reportó que en el año 2019 los costos y pérdida de ingresos por beneficios tributarios llegaron a casi 17 240 millones de soles, y en la década del 2009 al 2019 se habría acumulado una pérdida de más de 136 mil millones de soles para el fisco peruano. Estas alarmantes cifras son el resultado de la intensa campaña mediática por evitar que los debates sobre el recorte de estos beneficios tributarios sean de interés nacional. Naturalmente, las mentes del gran empresariado nacional seguirán defendiéndose del cobro de estos impuestos en arbitrajes, que como ya conocemos les terminan, finalmente, beneficiando.

Reactiva Perú es la estafa que se sostiene en políticas a favor del gran empresariado nacional, y que de ninguna manera tomará en cuenta la reforma tributaria de la que todos los especialistas hablan, y la que los políticos no tradicionales y jóvenes esperamos. En el país del gran milagro económico no se tiene por qué tomar como referencia a organizaciones mundiales como la Ceplan, BID o la CIT, ni mucho menos a los desfasados discursos de conservadores europeos como Angela Merkel quien sostuvo que “uno de los problemas de América Latina es que los ricos no quieren pagar nada”, en alusión a un posible impuesto a las riquezas. Como vemos, en nuestro país, Reactiva Perú será para los peruanos la gran estafa que regaló dinero a cadenas multinacionales, que en el colmo de su desfachatez, de seguro registrarán pérdidas por las “interminables trabas de bioseguridad”.

La estafa más grande que la oligarquía nos ha hecho en los últimos años se resumió en dos palabras “REACTIVA PERÚ”. La gran estafa –sí, suena como película gringa, aunque el atraco fue bien peruano– difundida por los poderes fácticos como la esperanza del futuro económico del país, como el apoyo al emprendimiento peruano que fue afectado en estos cuatro meses de cuarentena, se descarriló por completo cuando se publicó que diecisiete empresas –mega empresas a decir verdad– del peruano más rico según Forbes, el oligarca Rodríguez Pastor, dueño del conglomerado InterCorp, había logrado adquirir 150 millones de soles en créditos avalados por el tesoro público nacional –como se hizo de conocimiento público desde su lanzamiento, a tasas de interés de casi el cero porciento–. Pobre individuo, tuvo que soportar esta pandemia sin canasta ni bono, seguramente con pérdidas equivalentes a las más de siete mil micro y pequeñas empresas que bien habrían podido sostenerse y no ir a la quiebra con esos más de 150 millones de soles, que según reporta el periodista Paolo Beza fueron a parar a los fondos de las “menesterosas” empresas del susodicho.

No señores del Estado, el adoctrinamiento y la carismática ministra de economía solo han servido para demostrar que la estafa de Reactiva Perú la pagará nuevamente el pueblo peruano, aquel pueblo que ahora será ambulante e informal, porque tres meses de crisis se han convertido en la lucha por sobrevivir. ¿No es acaso momento para una salida radical?

 

 

 

 

 

 

 

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