EL CORONAVIRUS EN LA AMAZONÍA, LO MISMO DE SIEMPRE

EL CORONAVIRUS EN LA AMAZONÍA, LO MISMO DE SIEMPRE

EDITORIAL: POR ROMINA RIVERA

 

Desde la llegada del coronavirus al Perú, hemos visto los peores escenarios imaginados hechos realidad en Loreto. Esta región amazónica, que es de lejos la más grande del país y alberga 880 mil personas -entre ellos miles autoidentificados como miembros de los 32 pueblos y naciones indígenas que habitan la región – ha mostrado en vivo las consecuencias de los múltiples problemas que nos aquejan como país: el estado neoliberal, la corrupción, la contaminación, el racismo y la burocracia.

A partir de los primeros casos detectados en su capital, Iquitos, se han confirmado 1834 casos en toda la región, de los cuales han fallecido 78 personas. Entre los enfermos se cuentan más de 185 profesionales de salud (médicos, enfermeras, técnicos, camilleros) entre estables y graves, y entre los muertos, se encuentran 8 médicos y más de 7 personas miembros del pueblo indígena tikuna. 

Cuando empezó la cuarentena, Loreto enfrentaba también la leptospirosis – transmitida por la orina de los animales – y el dengue, causada por picaduras de mosquitos. Al día de hoy, a la par del COVID19 –  ambas enfermedades han registrado más de 27’061 casos y 43 muertos. En Loreto, los médicos y enfermeras atienden a más de 200 personas por día, hacen doble turno, trabajan sin protección, sin indumentaria, sin balones de oxígeno. Trabajan en hospitales colapsados, en una región que no tiene agua y desagüe para todos, en medio de una emergencia que obliga a la gente a buscar comida en la basura. Tan indigno e inhumano todo. 

Como bien han alertado, la tendencia en Loreto no está en picada, ni mucho menos. Los casos confirmados, aumentan velozmente y las autoridades no  dan respuesta a esto – por incapacidad, por indiferencia o por falta de recursos (no sólo  económicos) – y en muchos casos además  que contribuyen a su contagio. Alcaldes que querían hacer propaganda política, militares que no respetan el cierre territorial decidido por los pueblos indígenas. El gobierno nacional del presidente Vizcarra que exceptúa de la cuarentena a las empresas de hidrocarburos – ubicados en territorios indígenas – que llevan y traen trabajadores de otros lugares para su operación, y que continúan contaminando con los derrames de petróleo en los ríos, como ha ocurrido en el Lote 192, la refinería en Iquitos y también con PetroPerú durante el estado de emergencia. 

Es verdad que no es posible que un estado como el peruano, resuelva de un momento a otro una situación que se ha gestado con décadas de neoliberalismo y corrupción. Pero también es verdad que los políticos que hoy gobiernan, aunque nos digan que no son las mismas caras, sí representan los mismos intereses – poderosos lobbys políticos, económicos y militares-; los mismos acomodos – los suyos para permanecer “representando”y claro, las mismas voluntades, de no cambiar nada. 

Si el Ministro de Salud, Víctor Zamora y la ministra de Cultura, Sonia Guillén se hubieran reunido primero con las organizaciones nacionales indígenas en vez de hacerlo con el Jockey Club del Perú casi dos semanas antes y hubieran hecho oído de sus propuestas y requerimientos, el día de hoy, no sólo no tendríamos dos ministros mudos incapaces de dar respuesta al quehacer, sino que además se tendría a los pueblos amazónicos con más recursos y agencias para enfrentar la enfermedad. Lo poco que tienen los pueblos hoy, es por su propio esfuerzo y organización. 

Loreto es el caso más visible de la Amazonía peruana, pero claro que no es el único en esas lamentables condiciones. De las 11 regiones amazónicas del Perú, vemos que en Ucayali se registra más de 1435 casos confirmados y 66 muertos. En San Martin 473 contagios  y 7 muertes; en Madre de Dios 167 confirmados y 3 muertos, en Amazonas 65 enfermos y 9 muertos. Y así sucesivamente. Lo preocupante está no sólo en el avance de la pandemia en sí, sino la letalidad que es 6.6% respecto al 2.8% nacional, tal como lo registra la Red Eclesial Panamazónica al 04 de mayo. La desidia y explotación histórica en el territorio, en concreto, matan más. 

Todas estas regiones contrastan la pobreza, la marginación de su realidad frente a los bienes que sacan, explotan y se llevan de ellas legal e ilegalmente (ejerciendo amenazas y violencia ante los y las defensores ambientales y territoriales).  Por un lado, oro, madera, monocultivos, por el otro, muchas otras personas que como el alcalde shipibo del distrito de Masisea (Pucallpa), Silvio Valles, muerto este 12 de mayo por no contar con oxígeno para su atención. Como hemos visto, la muerte llega, pero la explotación no para. 

Y esa quizá sea la gran tragedia. En medio de estas crisis  múltiples, la salida que está planteándose desde el gobierno no es sino insistir en las causas que han originado estos terribles escenarios sociales, económicos y ambientales.  Ojo por ejemplo, al plan de Reanudación Económica planteado por el gobierno para felicidad de los poderosos gremios empresariales- que agrupan a la oligarquía peruana – y que prioriza el reinicio de labores para el sector minero y de hidrocarburos – la gran mayoría en territorios andinos y amazónicos –  o los decretos legislativos que en medio de la pandemia, aprovechan para renovar los títulos, permisos y licencias ambientales por un año, sin revisión alguna. Es decir el saqueo de siempre, bajo las reglas de siempre dictadas por la Constitución corrupta del 93, y con los beneficiarios y excluidos de siempre. Ante esto, con y sin la pandemia, ¿acaso nosotros debemos apostar por lo de siempre? Nosotros creemos que no. De esta pandemia y crisis, no debemos salir con menos derechos, debemos avanzar en la conquista de ellos, iniciando por una Nueva Constitución que permita construir una nueva mayoría para plantear los temas de fondo que la realidad demanda. 

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