ARTE Y REVOLUCIÓN

ARTE Y REVOLUCIÓN

POR : CLARIBEL FLORES

Los seres humanos hemos logrado llevar el alma como instrumento de liberación y lucha. Con el pasar del tiempo hemos visto, escuchado y vivido cada pedazo de ella en las calles. La música, danza,la pintura, los versos, la lucha, forman parte de gritos de almas, como consuelo, suicidio, justicia o libertad.

La coyuntura y el encierro crean estas almas poderosas. El arte nos acompaña desde la ventana; la lucha nos cruza los dedos constantes.

Toda reflexión del estado actual se queda corta a la lucha y revolución que se quiere tomar para levantar un pueblo de invisibles, de foráneos, de sordos, ciegos y mudos ante una televisión.

El arte y la revolución, como estudio constante del gran Vallejo, nos acerca a una realidad basada en la unión y hermandad de ambos términos y clasifica al arte como un “arte socialista” a aquel que tenga valor y fundamento para cambiar la sociedad desde las letras. El arte socialista viene pues a ser universal y perdurable, dirigida a todos los “humanos” y donde acceden todos los grandes artistas sin distinción social. El mismo Vallejo, ya en el plano poético, dio ejemplos portentosos de “arte socialista” con sus “Poemas humanos” y “España, aparta de mí este cáliz”.

Entonces, la revolución dispara desde versos hasta cantos en las plazas, mueve masas, abre conciencias, despierta al pueblo.

El arte tiene como finalidad transmitir de manera estética mensajes o pensamientos que están del lado social. La revolución es el verbo, el grito, el empujón para liberar las bocas calladas del pueblo. Ambas son hermanas, hijas del pueblo, de las manos obreras o de los cuerpos ausentes, los pasos que “los de arriba” no les conviene escuchar.

Nuestro país alberga todas estas manifestaciones en diferente color, lenguaje, forma, pero siempre con el mismo puño feroz del anhelo de lucha.

Hoy, las masas golpeadas se sumergen en un profundo vacío de desigualdad y olvido. No hay una mano extendida y justa, todas son de aplausos y retirada. Hoy hay más gentes y lágrimas estancadas en pueblos o rejas de nosocomios.

El arte y la revolución son piezas pesadas que deben crecer más en este encierro porque “desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por segundo, paso a paso” (Vallejo).

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