EL AMAUTA Y LOS INTELECTUALES CAJAMARQUINOS

EL AMAUTA Y LOS INTELECTUALES CAJAMARQUINOS

POR : CESAR ALIAGA

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI Y MARIANO IBERICO RODRÍGUEZ.

INTRODUCCIÓN.   

En estos días de cuarentena, buscando mantener comunicación con mi padre, como un medio para estar cerca de él a pesar del aislamiento social, en una de mis llamadas, hablando de la historia social, una afición que compartimos, me recordó la relación que José Carlos Mariátegui mantuvo con algunos intelectuales cajamarquinos como Mariano Iberico Rodríguez, Mario Bazán, Nazario Chávez Aliaga, Eudocio Rabines y otros.

Como modesto homenaje a su intacta afición intelectual y a su declarada filiación mariateguista, le prometí investigar y escribir algunos artículos acerca de esas relaciones.

Este artículo es, en consecuencia, el primero de una serie que intentará revelar la naturaleza y características de cada una de estas interesantes amistades, marcadas por inquietudes y sentimientos comunes de confianza recíproca y de amor por el Perú, en la medida que testimonian vívidamente que la amistad es, como creía Epicuro, la mayor adquisición que la sabiduría suele proporcionarnos.

En esta primera entrega consideramos la amistad del Amauta José Carlos con Mariano Iberico Rodríguez.

 

LA ESTRATEGIA MARIATEGUISTA.

Habiendo José Carlos Mariátegui asimilado en Europa una forma particular de intervenir la realidad para transformarla, regresó con la misión expresa de contribuir a forjar el socialismo peruano, el mismo que sintió que tenía que ser original; esto es, sin calco ni copia, sino creación heroica, tal como le gustaba decir.

De vuelta en el país, resolvió investigar y activar políticamente cerca de los sectores sociales que debían ser la base social de nuestro socialismo: las clases trabajadoras, campesinas y populares, encontrando que en ese momento ya existían cuando menos cuatro movimientos que tenían presencia o influencia en esos sectores: el mutualismo, el anarquismo y los núcleos aurorales del aprismo como del socialismo.

En ese escenario, Mariátegui trazó una estrategia muy bien elaborada para incursionar en esos sectores y ser integrado y aceptado como un actor importante en la organización y educación de aquellos movimientos sociales. Así resolvió participar, por ejemplo, en las llamadas universidades populares, organizadas por sectores avanzados de la clase obrera y de la juventud universitaria claramente dirigidos por conocidos discípulos de Manuel Gonzáles Prada, quien introdujo las ideas libertarias en el Perú. Y lo hizo, modestamente, en calidad de alumno y más tarde como profesor. En efecto, luego de ganarse la confianza de los dirigentes de la Universidad Popular logró ofrecer, entre junio de 1923 y enero de 1924, un conjunto de magníficas conferencias sobre la crisis capitalista, recogidas más tarde en su libro póstumo: Historia de la Crisis Mundial.

La estrategia comprendía, también, agitar el ambiente intelectual, promoviendo un espacio que acercara a los trabajadores y a los intelectuales avanzados, para participar de las corrientes de renovación doctrinal y estética del mundo entero, pero también para reflexionar sobre la realidad peruana como una forma concreta de contribuir a la construcción colectiva de un programa de cambios sociales que respondiera a los desafíos específicos de esa realidad.  En ese esfuerzo se ubican tanto sus escritos que luego se recogieron en sus dos libros publicados en vida: La Escena Contemporánea y los famosos Siete ensayos de interpretación de la Realidad Peruana, así como en la prensa nacional y extranjera y, obviamente, el esfuerzo para crear y sostener, heroicamente, Amauta, quizás la más grande revista peruana de todos los tiempos.

El objetivo estratégico siguiente estaba dirigido a disputar la hegemonía con las corrientes que activaban entre las clases populares de los años 20 del siglo pasado. Lo que implicaba una lucha ideológica con esas corrientes, especialmente con el anarquismo y el aprismo, así como el crear el conjunto de redes y organizaciones necesarias para vincular la vanguardia socialista con las masas populares y sectores avanzados de la intelectualidad.

En esta última tarea, Mariátegui logró establecer importantes vínculos de amistad e influencia ideológica con algunos intelectuales cajamarquinos, entre los que destacan Mariano Iberico Rodríguez, Mario Bazán, Nazario Chávez Aliaga, Eudocio Rabines, David Sánchez Infante y José Sabogal.

EL FILÓSOFO CAJAMARQUINO.

Mariano Iberico Rodríguez, hijo de Don Mariano Iberico Noriega y doña Concepción Rodríguez Risco, de origen chachapoyanos, nació en Cajamarca el 11 de abril de 1892.

Luego de concluir sus estudios secundarios en el Colegio San Ramón de Cajamarca, viajó a Lima, en 1909, para estudiar Filosofía en la Universidad de San Marcos, habiéndose graduado de bachiller, en 1912, con la tesis El Carácter, de clara influencia positivista. Obteniendo, luego, el grado de doctor, en 1916, con la tesis La filosofía de Henri Bergson.

Es conocida la anécdota que una copia de esta última tesis le fue entregada al filósofo francés por uno de los hermanos García Calderón, residentes en París. Siendo el caso que Bergson agradeció el gesto en una carta al cajamarquino, remarcando la agudeza de su análisis. Carta que fue publicada como epílogo de su libro Una Filosofía Estética en 1920.

Continuando su formación académica y profesional, Iberico se hizo abogado y docente. Así, ejerció la magistratura en Huánuco, Junín y Lima y fue representante del Perú ante el Comité Jurídico Internacional de Río de Janeiro. También ejerció, fugazmente, en 1955, el cargo de Ministro de Educación.

Fue importante colaborador de la revista Mercurio Peruano, hasta que en 1929 su director José de la Riva Agüero, de declarada filiación conservadora y fascista, lo separó de la misma acusándolo, junto a otros pensadores, de ser “izquierdista”.

En 1925, José Carlos Mariátegui le ofreció publicar su libro El Nuevo Absoluto, que apareció, efectivamente, en 1926, como uno de los primeros libros de la casa editora fundada por el Amauta, la editorial Minerva.

En 1937, Mariano Iberico publicó su ensayo más famoso: Notas sobre el paisaje de la sierra. A la que siguieron otras obras como Perspectivas sobre el tema del tiempo (1958), el Espacio Humano (1969) y La aparición histórica. Ensayos y notas sobre los temas de historia y tiempo (1971).

Falleciendo en Lima, el 04 de julio de 1974, a la venerable edad de 82 años.

 

LA AMISTAD CON MARIÁTEGUI.

Al revisar la correspondencia del Amauta se puede apreciar, en sendas cartas, el aprecio recíproco que se tenían estos dos intelectuales provincianos, que se imponían con brillo propio, por su inteligencia y carácter, en Lima, la capital de la república.

El 9 de octubre de 1928, Mariano Iberico Rodríguez, se dirige a Mariátegui para agradecerle “vivamente el envío de su admirable libro” (se refería a los 7 ensayos) y se compromete a remitir algunos artículos para Amauta. En esa misma carta, el pensador cajamarquino, mostrando su personal aprecio, le escribe: “Muy pronto tendré el gusto de ir a hacerle una visita, para charlar largamente”.

José Carlos Mariátegui, por su parte, se refiere, en diversas comunicaciones, a la obra del filósofo cajamarquino. Así, el 23 de noviembre de 1925, en carta a Ricardo Vegas García, le anuncia que, entre los diversos proyectos de la Editorial Minerva, se publicará un libro de ensayos de Mariano Iberico sobre Dostoievski (El sentimiento religioso de Dostoievski).

En otras cartas dirigidas a periodistas o distribuidores de Amauta, como Carlos Chávez Sánchez, director de un diario de Piura, Ricardo Vegas y Samuel Glusberg, periodista argentino, les anuncia la remisión del libro El Nuevo Absoluto.

Asimismo, diversos corresponsales del Amauta, le hacen conocer haber recibido y estar difundiendo el libro del filósofo cajamarquino. Tal es el caso, por ejemplo, de Manuel Beltroy, quien desde Uruguay le informa que “ha tenido el gusto de saber” que ya está a punto de publicarse el citado libro.  Alcides Spelucín, intelectual trujillano, le informa sobre las dificultades para vender este libro, en vista que otro librero ya se había adelantado en la capital de la primavera. Enrique Bustamante y Balliván, quien escribe el 2 de noviembre de 1926, desde Montevideo, también informa que ha recibido, entre otras publicaciones, El Nuevo Absoluto.

Muchas personas conocían de la amistad del Amauta con el cajamarquino, al punto que, considerando el grado de confianza entre ellos, se atreven a solicitar a José Carlos que se sirva hacerle llegar al doctor Iberico cierta documentación de importancia para su remitente, tal como es de verse en la carta que escribió Emilio Armaza Valdez, poeta y periodista puneño.

Mariátegui, a su turno, confiando en el juicio independiente del autor cajamarquino, decide recomendarlo, entre otros, en 1928, a la periodista Anita Brenner, responsable del departamento de Latinoamérica del diario The Nación de Nueva York, para que pudieran escribir comentarios sobre una anunciada visita del presidente de los Estados Unidos por América Latina.

En carta fechada el 10 de junio de 1929 y dirigida Samuel Glusberg, el Amauta le cuenta del intento de los medios limeños para silenciar la salida de los 7 Ensayos, a diferencia de su entusiasta recepción en provincias y en el extranjero. Destaca, sin embargo, las pocas voces que en la capital peruana se habían referido a su libro. Voces solitarias, entre las que contaban, junto a Luis Alberto Sánchez, obviamente la del filósofo cajamarquino, ya separado del Mercurio Peruano, en un comentario a publicarse en la Nueva Revista Peruana, que fundó junto a Ureta y Ulloa.

José Carlos, en otra misiva, dirigida a Samuel Glusberg, le cuenta que como parte de las actividades organizadas con ocasión de la visita del intelectual norteamericano Waldo Frank a Lima, la Facultad de Letras de San Marcos, a iniciativa de Sánchez, Iberico, Ureta y Porras Barnechea, le confirieron el grado de Doctor Honoris Causa a tan importante visitante.

El conjunto de estos hechos, muestran una relación amistosa, cordial y de respeto recíproco entre estos dos pensadores provincianos, siendo el Amauta un actor importante en la difusión y valoración del pensamiento del cajamarquino.

Así se tiene, en efecto, que Iberico publicó en la revista Amauta, en su número 3, un único ensayo, denominado Los dos misticismos, en la que sostiene que “Existen dos concepciones extremas de lo absoluto: la que lo identifica con el ser, y la que lo identifica con el devenir”, siendo el caso que “Cada una de estas concepciones derivan de una cierta experiencia”.

Mariátegui, de otro lado, solía apoyarse en el pensador cajamarquino para defender algunos de sus singulares ensayos sobre la realidad social y cultural de nuestro país. Así, en sus Siete Ensayos, comparte el juicio de Mariano Iberico Rodríguez sobre Gonzáles Prada, citando para ello un largo párrafo del libro El Nuevo Absoluto, donde el cajamarquino define al pensador de Páginas Libres, en la forma siguiente:

“Concorde con el espíritu de su tiempo, tiene gran fe en la eficacia del trabajo científico. Cree en la existencia de leyes universales inflexibles y eternas, pero no deriva del cientificismo ni del determinismo una estrecha moral eudemonista ni tampoco la resignación a la necesidad cósmica que realizó Spinoza. Por el contrario, su personalidad descontenta y libre superó las consecuencias lógicas de sus ideas y profesó el culto de la acción y experimentó la ansiedad de la lucha y predicó la afirmación de la libertad y de la vida. Hay evidentemente algo del rico pensamiento de Nietzsche en las exclamaciones anárquicas de Prada. Y hay en éste como en Nietzsche la oposición entre un concepto determinista de la realidad y el empuje triunfal del libre impulso interior”. (1984 (1928), pág. 263)

Luego, en el mismo libro, a pesar de considerar las ideas de Páginas Libres y de Horas de Lucha como de ideología caduca, el Amauta también participa del juicio de Iberico acerca que el valor de la obra de Gonzáles Prada está en su propia personalidad:

“Como lo observa Iberico, en González Prada lo característico “no se ofrece como una rígida sistematización de conceptos -símbolos provisionales de un estado de espíritu-; lo está en un cierto sentimiento, en una cierta determinación constante de la personalidad entera, que se traducen por el admirable contenido artístico de la obra y por la viril exaltación del esfuerzo y de la lucha” (Mariátegui, 1984 (1928), pág. 264)

En otro ensayo, recogido más tarde en el volumen denominado El Artista y la Época el Amauta vuelve a compartir otro juicio del filósofo de Cajamarca, esta vez sobre las filosofías decadentes del momento:

“Nuestra primera declaratoria de guerra debe ser a la que mi compatriota Iberico llama “filosofías de retorno”. ¿El florecimiento de estas filosofías, en un clima mórbido de decadencia, entra en gran escala en Occidente en la “inquietud contemporánea”? Esta es la cuestión principal que hay que esclarecer para no tomar sutiles álibis de la Inteligencia y teorías derrotistas sobre la modernidad como elaboraciones de un espíritu nuevo”.

CONCLUSIÓN.

La amistad de José Carlos Mariátegui con Mariano Iberico Rodríguez fue una caracterizada por la común admiración intelectual. No estuvo marcada, como en otros casos, con un propósito abiertamente político, en la medida que el filósofo cajamarquino no mostró inquietud sobre este terreno, manteniéndose únicamente en el campo doctrinal, en la contemplación filosófica y estética, aunque haya profesado, claramente, una orientación progresista. Circunstancia que, por supuesto, no fue impedimento, para que la amistad y la colaboración intelectual sean sólidamente fructíferas para ambos.

 

Referencias

Epicuro. (13 de abril de 2013). Filiopolitas. Obtenido de https://filopolitas.blogspot.com/2013/04/epicuro-carta-meneceo-y-maximas.html

Mariátegui, J. C. (1959). El artista y la época. Lima: Minerva.

Mariátegui, J. C. (1973). La escena contemporánea. Lima: Bibloteca Amauta.

Mariátegui, J. C. (1979). Historia de la crisis mundial (Conferencias). Lima: Bibiloteca Amauta.

Mariátegui, J. C. (1984 (1928)). Siete Ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Empresa Editora Amauta.

Mariátegui, J. C. (1984). Correspondencia. Lima: Empresa Editora Amauta.

Sobrevilla, D. (s.f.). Las ideas en el Perú Contemporáneo. En Historia del Perú. Tomo XI. Lima: Juan Mejía Baca.

Agregue un comentario

Close Menu