DEL DISCURSO PRESIDENCIAL Y LA ESTRATEGIA DE LA DERECHA
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DEL DISCURSO PRESIDENCIAL Y LA ESTRATEGIA DE LA DERECHA

POR: JUNIOR VELAZCO

Los grupos de poder nacional siempre manejan varias alternativas para mantenerse en el Estado, incluso cuando surgen disputas internas entre ellos. La mayor muestra de esto son los sucesivos gobiernos que han seguido después de la década fujimorista, y que no han cambiado de manera profunda el modelo económico, ni las instituciones, ni mucho menos la Constitución parida por la dictadura.

El mensaje presidencial de Vizcarra ha sido otra edición de lo anterior, una simulación de conflicto en las alturas del poder para un posterior reacomodo del sector gobernante; incluso pueden utilizar rostros y organizaciones nuevas, pero con los mismos titiriteros detrás de la escenografía: las transnacionales, la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Minería y sus medios de comunicación aliados.

Vizcarra y sus asesores han sido lo suficientemente hábiles para construir un discurso sin gran profundidad pero con un matiz populista; cabe decir que en él no se han tocado los actuales conflictos sociales, ni cómo democratizar la decisión de los pueblos sobre sus territorios. La consulta previa no se ha discutido ni por asomo, por eso los pobladores de Islay podrán seguir en la lucha por la defensa del medio ambiente, base fundamental de su modelo económico, y al presidente parece serle indiferente.

El presidente habló de la industrialización, pero no mencionó cómo acabar con la economía primario-exportadora; no ha hablado en serio de los sectores estratégicos como el petróleo, o cómo disminuir en la práctica los precios de los hidrocarburos. Tampoco ha discutido sobre la energía y cómo llevar electricidad a todos los rincones de la patria para lograr una real integración; ni del gas y cómo devolverlo a los peruanos. Ni palabra sobre reforma del sector pesquero, para evitar el saqueo de nuestro mar para la producción de harina de pescado. O de la agricultura, para resolver el abandono de los millones de campesinos que con su pobreza subsidian la canasta básica familiar de nuestro pueblo que vive en la ciudad, de lo que tampoco se dijo nada sustancial.

Sobre el modelo económico, en el discurso presidencial no ha existido ni un atisbo de reforma; lo máximo que se ha hecho es promocionar un plan de competitividad y productividad hacia el 2030, el cual es una reedición de la propuesta de la CONFIEP, en la que son los trabajadores quienes cargan el peso del crecimiento económico para lograr grandes beneficios a los “alicaídos” empresarios nacionales. La solución es la de toda la vida: flexibilizar las leyes laborales para disminuir los costos de las empresas y de esta forma los empresarios puedan seguir enriqueciéndose del trabajo del pueblo y no de su capacidad de generar riqueza.

El presidente Vizcarra no ha querido tocar el modelo político del país en absoluto. En el discurso ha defendido su remedo de reforma política presentada hace meses, que no ha tenido la capacidad siquiera de hacerla avanzar. Sin embargo, ha guardado silencio -como era obvio- del cambio constitucional y cómo desde lo más profundo del país va creciendo una voz que pide un nuevo contrato social para zanjar de una vez los casi cinco siglos de saqueo; una Nueva Constitución que, como hemos visto, no será entregada por los políticos serviles a las oligarquías dominantes.

Todas estas ausencias han querido ser tapadas con un final de discurso en el cual ni siquiera se ha respetado el clamor popular de cierre de Congreso, sino que ha brindado la perfecta salida para asegurar la continuidad del modelo: un pedido de adelanto de elecciones que, en el cálculo de los grupos dominantes, será suficiente para calmar la agitación social y lograr llegar preparados para un reacomodo en un escenario controlado. El adelanto de elecciones, por lo tanto, ha sido una descolorida medida para asegurar que en los hechos las estructuras de poder no se muevan ni un ápice.

Pero la derecha se olvida de una cosa: que en este juego no está sola, sino que existe desde las profundidades de la patria un sentir que va calando, en las mujeres y hombres del país, una honda desazón, la búsqueda de una esperanza transformadora, la construcción de una patria diferente. Esto lo demuestra la seguidilla de luchas que han surgido en las últimas semanas. Algo se construye en los corazones del pueblo, un ansia radical que ya no se puede ignorar y que hace temblar en sus mansiones a los patriarcas de la oligarquía. No, señor Vizcarra, no señor Roque, el pueblo no se ha tragado el cuento, sus tácticas no son infalibles. Ustedes han intentado crear un temblor artificial; pero este puede ser el inicio de un avance telúrico que logre recrear el sueño de Velasco, de Mariátegui, de Grau: el inicio de un nuevo país.

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