CRISIS ESTATAL Y ÉPOCA DE REVOLUCIÓN

CRISIS ESTATAL Y ÉPOCA DE REVOLUCIÓN

Por: Luis Rodriguez

La salida a la crisis del orden neoliberal en Perú, entendida como un cambio radical de la estructura de poder que hoy se tambalea, solo puede darse si se amplía o expande la participación de la gente (hoy en su mayoría excluida) en la toma de decisiones respecto de los asuntos fundamentales de la sociedad. De lo que se trata es de si se amplia y expande la democracia, hoy estrechamente definida de modo procedimental (si hay elecciones, votamos y el poder militar está sujeto al poder cívico) o no. La democracia, tal como surgió con Solon y Pericles, tiene que ver con la participación de los excluidos (los plebeyos) en los asuntos públicos sin ver reducida su participación en el voto. Es decir, la democracia tiene que ver con una irrupción plebeya en el Estado. Y esto es precisamente lo que define al acto revolucionario: cambiar la estructura de poder, presentada como pétrea e inamovible por quienes ostentan el poder, tiene que ver con la ampliación o profundización de la democracia. Es ese momento en el que el poder constituyente (el pueblo) suspende el poder constituido (instituciones, normas, leyes, etc.) e instaura un nuevo orden social y un nuevo tipo de estatalidad.

Ese momento no se reduce ni se resume en las elecciones (que puede entenderse a estas como el momento de la guerra de movimientos en términos gramscianos) sino que es previo a ellas. Tiene que ver con construir una nueva mayoría social y política. Y por tanto con cambiar la correlación (o armazón) de fuerzas sociales. Ese momento está vinculado a escenarios de crisis profunda de un determinado sistema político, del agrietamiento del orden establecido, en el que quienes mandan pierden hegemonía (frente a movilizaciones que si bien todavía dispersas expresan el ánimo de que los sectores plebeyos que pugnan por participar en las decisiones y los asuntos públicos frente al colapso de las instituciones y de quienes las dirigen) y se ven obligados a recurrir a la fuerza desmedida (recordemos la represión brutal a la huelga magisterial del 2017). En Perú, nos encontramos en ese momento: en medio de una profunda crisis estatal y frente a la posibilidad real de abrir una época de Revolución.

Si esto es así, es porque en gran medida coincide el agotamiento del régimen neoliberal que se comenzó a construir a fines de los 70 con el agotamiento de la Republica criolla, que mantuvo un esquema de dominación de corte colonial y sobre cuyos restos se construyó la Republica Empresarial. El patrón de acumulación de corte extractivista y dependiente del comercio internacional, vigente desde mediados del XIX, no da más; la organización y distribución del territorio que beneficia a las elites quienes concentran tierras y riquezas no da más; la despolitización de la sociedad (es decir ese fenómeno donde el poder y las decisiones recaen en los Grupos de Poder Económico y en técnicos que administran las instituciones mientras la inmensa mayoría es expectorada de los lugares de poder y toma de decisiones) no da más; el racismo y la vulneración de derechos humanos fundamentales, no da más.

No han sido décadas sino casi ya 200 años en los que la mayoría de peruanos y peruanas han sido tratados como extraños en su propia tierra. Negándoseles de muchas maneras la posibilidad de realizar sus sueños en su propio país. Con lo cual hoy más de 3 millones de compatriotas tuvieron que dejar el suelo que los vio nacer. Corresponde fundar un nuevo país. El 2021 está en juego no la transferencia de gobierno sino de poder. Lo que no puede sino comenzar a hacer desde ya. Vivimos sin lugar a duda (la posibilidad de) una Época de Revolución.

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