CONSTRUYAMOS LA REBELDÍA
Foto: Musuk Nolte (Ojo Pùblico)

CONSTRUYAMOS LA REBELDÍA

POR: ENYEL ASENCIO

Ayer 12 de agosto, fue el Día Internacional de la Juventud y pasado ya una semana de la Macro regional Norte de Juventudes de Perú Libre, en la ciudad de Trujillo, he creído conveniente compartir algunas de las reflexiones de cuál es la misión actual de las juventudes que se organizan y trabajan en conjunto a los partidos de izquierda.

Ser parte de la reserva, premilitancia o militancia en las filas de izquierda, ya sea de los autodenominados comunistas, socialistas, progresistas o los radicales y patrióticos, es a fin de cuentas los que heredan y desarrollan una conexión con su sociedad y realidad. El ser un joven organizado en “lo rojo de la política”, es comprender que la vida heroica demanda sacrificio, estudio y sobre todo, grandes sentimientos de indignación respecto de lo que le sucede al compañero del costado.

Han pasado décadas desde que una generación levantaba el puño en alto a escondidas con miedo al qué dirán, principalmente por la persecución política por ideas que existía en su momento –aunque en las últimas semanas esto empieza a agudizarse, nuevamente–. Sin embargo, son nuevos aires, nuevos tiempos y hay que saber aprovecharlos; las sociedades solo cambian como decía Marx “si se toman por asalto…”. Es momento de no creer el discurso de manual de izquierda de los ochenta o caviar, que se dedican a insinuar a su juventud que su misión es ser recambio o suplente, para algún día dirigir lo mínimo o casi nada de alguna organización que representa un cascarón y nada más.

Hablar de generaciones jóvenes que trasformaron nuestro país, es iniciar politicamente con al amauta José Carlos Mariátegui y su oponente liberal Haya de la Torre, como los iniciadores de los grandes partidos de su época, y aun del país contemporáneo –claro que hoy en día son casi ceniza–. Recodar la historia de aquellas luchas en las calles nos lleva a la generación que enfrento la dictadura militar, encabezada por Horacio Zeballos, Diez Canseco, Barrantes Lingán, Hugo Blanco, etc. Y es que los jóvenes hoy en día según reportes del INEI, representamos el 30% de la población electoral en nuestro país, #PuebloJoven sin ninguna dirección política de vanguardia que le ayude a cumplir el rol que por generaciones le ha correspondido, ser la dirección de un pueblo sin horizontes, sin un futuro claro.

Reflexionar sobre las multitudinarias marchas contra la denominada “Ley Pulpín” a fines del año 2014 e inicios del 2015, se pudo observar una vez más que la insurgencia juvenil está adormecida, pero sabe despertar de cuando en cuando para dar lecciones reivindicativas, naciendo fruto de ésta “Las Zonas” en la capital, y a nivel nacional un sinfín de frentes, coordinadoras o bloques anti explotación laboral. Cabe también recalcar que los hasta ese momento partidos de izquierda también intentaron exhibir que dirigían ese gran torrente de jóvenes indignados, lo cual fue un gran descaro irreal y oportunista. El movimiento juvenil en ese entonces trató sí de organizarse, pero el espontaneísmo y el anarquismo condujeron un futuro prometedor para organizar un gran frente juvenil en adelante a solo un recuerdo que ha quedado en el pasado. Nos venció el individualismo y más aún, el apoliticismo de siempre, que la lucha termina con la derogatoria y ni un tema sistémico extra más. Así pasó al recuerdo la historia del último proceso de lucha encabezado, direccionado y organizado por jóvenes en nuestro país; claro está que hoy en día los jóvenes no somos ajenos a lo que ocurre en relación a conflictos medioambientales, lobbys, repartijas y el caso Odebrecht, pero ya no ha existido una gran masa rebelde como lo sucedido por la “ley pulpín”; como dije, se dilapidó la oportunidad de organizar un gran frente o bloque de vanguardia a nivel de la juventud, pero nuestros moribundos partidos de izquierda y movimiento social no estaban o no están aún a la altura.

La actual crisis política, la inestabilidad del gobierno entre el Legislativo y el Ejecutivo está agudizando la marea de indignación popular en cada uno de los sectores; el reformismo de Vizcarra, el populismo de convocar a elecciones o la intentona de asustar con cerrar el Congreso es una estrategia más para desviar los reales problemas del país, como en educación, empleo o conflictos medioambientales latentes –como el fracasado intento de tranquilizar al sur y aún más a la región de Arequipa que sigue en protestas multitudinarias–. La crisis política ha demostrado la clase de sujetos que gobiernan nuestro país, con más de 4225 casos de corrupción de gobernadores, alcaldes, regidores y funcionarios públicos, y el vínculo directo de los partidos tradicionales como FUERZA POPULAR Y EL APRA en serios actos de corrupción y lavado de activos. El Perú ya no puede seguir maniobrando en el mal llamado piloto automático que hace años deviene en picada.

Para el reformismo político de derecha y caviar, lo único que debería tocarse en el país es la moralización de la políticaes decir, simplificarlo a un debate solo ético, principista y de moral, mas no de sistema o modelo económico–, pero no la búsqueda de la tan añorada justicia social que hace años es exigida por la población peruana en su conjunto. Esta propuesta se anexa a la única solución confabulada, preparada y en proceso de ejecución por la CONFIEP, la derecha, los poderes fácticos y algunos incrédulos del bloque caviar, que es el reformismo electoral y en el peor de los casos un cambio solo de presidente, mas no de sistema.

1.4 millones de Jóvenes en el Perú son denominados NINIS (Ni estudian Ni trabajan), sin alternativa alguna por la actual clase politica es a ellos los que convocamos a construir pueblo por medio de la captura hegemónica del país que los sectores oligarcas tienen secuestrado. En Trujillo, el pasado tres de agosto, diferentes sectores juveniles con experiencias en la izquierda se concentraron para conversar sobre el rol de la juventud de izquierda, cuál era su misión, visión y la mística con la que se debe construir militancia al interior de Perú Libre.

Es un deber por parte de Perú Libre, o cualquier otro partido que se haga llamar de izquierda, el renovar de forma creativa sus organizaciones; la tarea de la Juventud de Perú Libre es ayudar al fortalecimiento de este partido con premisas claras, dado que una nueva generación está concentrándose, y no para prepararse como un cuadro, sino para dirigir en ciertos sectores de representación al único partido nacido del regionalismo criollo, cholo y serrano. El norte joven a descrito innumerables falencias y críticas a las tradicionales izquierdas comunistas, socialistas y caviares en el país, críticas que se recogen de experiencias en el movimiento rondero, magisterial y universitario; críticas que nos ayuda a ver más allá de una izquierda que después de la caída de Velasco, solo ha celebrado derrotas, o en el peor de los casos victorias del mal menor.

Construir la rebeldía o como yo lo denomino construir #PuebloJoven, nos convoca a no programar tareas fuera de la realidad política, pero sí nos da pautas de cómo no pasar a la historia como bloque antipático al movimiento social; asimismo, nos orienta a romper con los tradicionales estereotipos del joven militante de izquierda, y nos apertura un debate tanto en creación heroica en las calles como creación programática que represente a ese millón y medio de jóvenes que lo único que buscan es opinar más allá de los limitados minutos de participación que le dan en cada uno de los temas que ellos están involucrados. Éste es en parte el resumen del diagnóstico que el norte joven rojo de Perú Libre ha repensando en lo político…

This Post Has One Comment

  1. Felicitar a Enyel por este imporante diagnóstico y a trabajar para recuperar el perú

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