CIRO ALEGRÍA Y LA ACUMULACIÓN ORIGINARIA DEL CAPITAL

CIRO ALEGRÍA Y LA ACUMULACIÓN ORIGINARIA DEL CAPITAL

POR : JORGE TANG

El pasado 17 de febrero se cumplieron 52 años de la muerte del gran escritor Ciro Alegría. Su máxima obra, El mundo es ancho y ajeno, es impresionante no solo por el poder narrativo con que encadena los sucesos y su talento para dibujar el paisaje andino y el temperamento de los personajes, sino también por la vigencia que suscita su argumento pues, a pesar de las distancias temporales, la esencia del despojo de tierras, la lucha de clases cristalizada en el Derecho y las leyes, y la resistencia de los pueblos originarios, siguen intactas desde la época de la Colonia.

La novela comienza con un mal agüero, un vaticinio siniestro que desencadena la trama de la obra: las vicisitudes en las que se desenvuelven los comuneros del caserío de Rumi por un litigio de linderos iniciado por el hacendado Óscar Amenábar con el objeto ampliar su poderío que, aun teniendo las minas de los alrededores, aspira a acrecentar su radio de propiedad. De esta manera, sucedieron los trámites burocráticos traducidos en rumas de expedientes, ruegos de licencias y apelaciones, los tinterillos de pacotilla que nunca sobran, amedrentamientos, compra de testigos y sobornos a jueces y abogados por parte del hacendado, todo esto en interminables viajes que tuvieron que realizar a la ciudad para sustentar ante la ecuánime justicia peruana los dirigentes de Rumi que, por lo demás, no sabían leer ni escribir. El alboroto de viajes sin sentido, de pelear por una tierra que la historia y la costumbre les había dado les colmaba de preguntas. ¿Qué era la ley? ¿No era acaso solo la escritura indescifrable que sustentaba la explotación contra ellos? «Cada día, pa pena del indio, hay menos comunidades. Yo he visto desaparecer a muchas arrebatadas por los gamonales. Se justifican con la ley y el derecho. ¡La ley!; ¡el derecho! ¿Qué sabemos de eso? Cuando un hacendao habla de derecho es que algo está torcido y si existe ley, es solo la que sirve pa fregarnos. Ojalá que a ninguno de los hacendaos que hay por los linderos de Rumi se le ocurra sacar la ley. ¡Comuneros, témanle más que a la peste!».

Luego ocurrió lo inevitable luego de la pérdida del litigio: el éxodo de los comuneros a otros mundos para sobrevivir. En la terrible explotación de jornalero en el proceso de rauma de la coca; en la extracción del caucho junto con otros desposeídos de las comunidades amazónicas; en las condiciones inhumanas del trabajo en la mina, en la pesca… Es decir, surge en este momento un cambio en la composición social de la sociedad peruana. Los comuneros, dueños de sus tierras y forjadores de una organización propia, consensuada, devienen en siervos o asalariados, cuyo fruto de su trabajo se aliena y solo lo destina al pago de las deudas contraídas a sus mismos patrones, tesis que sustenta, por otro lado que, en el Perú como en otros países de la región, la oligarquía y burguesía han convivido simbióticamente en las altas esferas del poder y que en la actualidad se han fundido en una sola clase social.

Sin embargo, es necesario aperturar el horizonte del mundo para advertir que las luchas de una comunidad conllevan una lucha mayor, más amplia y universal. Benito Castro, hijo desterrado y héroe de la novela, fue el único que recorrió el Perú y aprendió de las reivindicaciones de los obreros de la pesca, de la organización de los sindicatos y sabotajes de los colonos, en las conversaciones con los dirigentes gremiales. Por su experiencia adquirida en el exilio, al regresar y enterarse de la situación de la comunidad, llama a la organización y a la defensa de su tierra. «Cuando la ley da tierras, se olvida de lo que va a ser la suerte de los hombres que están en esas tierras. La ley no los protege como hombres. Los que mandan justificarán diciendo: “Váyanse, el mundo es ancho”. Cierto, es ancho. Pero yo, comuneros, conozco el mundo ancho donde nosotros, los pobres, solemos vivir. Y yo les digo con toda verdá que pa nosotros, los pobres, el mundo es ancho pero ajeno. Ustedes lo saben, comuneros. Lo han visto con sus ojos por donde han andao. Algunos sueñan y creen que lo que han visto es mejor. Y se van lejos a buscarse la vida. ¿Quién ha vuelto?»

Este drama total es muestra esférica de la lucha de clases, matices de indios alienados y traidores, pero sobre todo reflejo de la táctica histórica de los dueños del Perú. Los Armando Amenábar son los hijos de los encomenderos españoles, herederos originarios de la oligarquía peruana que aún persiste, y que a base del despojo de tierras y la explotación de los desposeídos acumularon sus ingentes capitales. Cambiarán de apellido y de discursos, pero no la fuente primigenia de su oscuro enriquecimiento que la historia y la literatura han perennizado.

La lucha por la tierra sigue siendo una de las más importantes que viene enfrentando el pueblo peruano, y la coyuntura de Las Bambas es solo un caso de las luchas por la tierra que han ocurrido y ocurrirán si el modelo persiste. El proceso de la nueva concentración de tierras, que se inició con Morales Bermúdez, se acentuó con la implementación del consenso de Washington.

Luego de casi 80 años de su publicación, la lectura de esta obra es imprescindible para comprender la naturaleza de la acumulación del capital de los grupos de poder de la oligarquía.

 

Agregue un comentario

Close Menu