CAPITAL SOCIAL Y CONTROL DEL COVID-19

CAPITAL SOCIAL Y CONTROL DEL COVID-19

POR : CESAR ALIAGA

Hace poco, un medio nacional destacó el relativo éxito de la región Cajamarca en cuanto al control de la pandemia de COVID 19. De hecho, al 16 de mayo de 2020, la Sala Situacional del Ministerio de Salud reportaba solo 424 casos confirmados y 03 fallecidos. Cifras bastante menores a las vecinas regiones de Piura (3032 casos y 313 fallecidos), Lambayeque (4596 casos y 455 muertos), La Libertad (2015 casos y 66 difuntos) y Loreto (2444 casos y 209 occisos).

Dicho medio indagaba, además, por las razones de tan significativo desempeño. Entonces, no ha faltado alguna autoridad que ha querido atribuir a su liderazgo y gestión tales resultados. La periodista y un número importante de internautas han destacado, por su parte, el rol que han jugado las rondas campesinas de Cajamarca en el control de los accesos al territorio departamental y en el cumplimiento de las medidas de aislamiento social. Creo que a unos y a otros no les falta razón en destacar su contribución, aunque fuera mínima, porque los resultados sociales solo pueden explicarse multifactorialmente.

En vista que un resultado sanitario tan importante no merece las respuestas simples que a la fecha se han dado, parece necesario indagar más profundamente para revelar aquellos factores normalmente desdeñados en el mundo de las opiniones que inundan las redes sociales, pero que claramente si pueden aportar explicaciones más consistentes.

Esos factores pueden ser de índole natural o social. Sobre los primeros, más de un especialista ha sugerido que el clima, la altitud y la alta ruralidad de la región cajamarquina puede explicar la menor agresividad del contagio del microscópico virus que ha casi paralizado al mundo. Las también bajas cifras de casos detectados y de letalidad de regiones similares a Cajamarca, como Ayacucho, Huancavelica, Puno, Pasco y Apurímac sirven de fundamento fáctico a la citada hipótesis.

En esta oportunidad, quisiera destacar, sin embargo, aquellos factores sociales que por consistir en infraestructuras, instituciones y redes organizacionales que gestionan servicios y saberes comunitarios en favor de la colectividad entera, los denomino CAPITAL SOCIAL, en contraste de aquellas formas de gestión de recursos (públicos y privados) destinados preferentemente para enriquecimientos privados.

Dos recursos de Capital Social destacan, en mi opinión, en su contribución para el relativo buen desempeño de la región Cajamarca en la contención del nuevo Coronavirus, a pesar que algunos de los llamados a liderar la gestión sanitaria no apoyaron ni se apoyaron suficientemente en estos pilares institucionales y, al contrario, tomaron decisiones fallidas, ineficientes o altamente cuestionables. Se trata de recursos que, curiosamente, en los últimos años han experimentado importantes procesos de fortalecimiento, aunque hayan sido invisibilizados deliberadamente por algunos interesados. A pesar de lo cual, a día de hoy han mostrado gran parte de su potencialidad garantista respecto de los derechos fundamentales de los pobladores de nuestra región. Se trata, nada menos que de las instituciones sanitarias regionales y de las organizaciones sociales de apoyo a la salud representadas por los promotores comunitarios de salud y las más conocidas rondas campesinas.

En efecto, el sector público regional de salud de Cajamarca ha tenido, particularmente a partir de 2011, un importante proceso de fortalecimiento, crecimiento y consolidación institucional, tal como puede apreciarse en los datos siguientes:

1)            Crecimiento sostenido del presupuesto regional de salud. En el año 2010, el presupuesto disponible (PIM) en la función salud de nuestro departamento era de apenas S/. 224,720,586, el mismo que mediante incrementos sucesivos anuales ha llegado a los S/. 597,398,893 en 2020. Lo que representa un crecimiento de 165%. Este crecimiento también se reflejó en una mayor participación en el presupuesto total del gobierno regional, así en el 2011 el presupuesto de salud representaba sólo el 13.5% del presupuesto regional, mientras que en 2019 alcanzó el 26.5%.

2)            Crecimiento sostenido del personal de salud. En 2010 el número de médicos y enfermeras era de apenas 1987 profesionales (620 médicos y 1367 enfermeras), mientras que, en 2017, según el INEI, llegaban a ser 3040 de ambas categorías (833 médicos y 2207 enfermeras). Número que ha seguido creciendo por los nombramientos de los años 2018 y 2019 para bordear los 4000 profesionales aproximadamente a la fecha.

3)            El crecimiento del número de profesionales de la salud disponibles también ha implicado un crecimiento del número establecimientos de salud para acercar los servicios a las poblaciones más alejadas y dispersas de nuestra región. En 2010, el número de nuestros puestos y centros de salud apenas superaba los 600. Según el INEI, en el año 2018 ese número habría ascendido a 1102 establecimientos.

4)            Mejora sustantiva de la infraestructura y equipamiento de centros de salud y hospitales de la región. Desde 2010 a 2018 se hizo una inversión de S/. 717,682,555, aun cuando todavía esté pendiente de culminación el hospital de Cutervo, mientras que el de San Ignacio ha sido programado para iniciarse en el presente año. Pero gracias a ese esfuerzo inversor, los hospitales de Cajamarca, Jaén y Cajabamba, así como decenas de centros de salud mejorados en infraestructura y equipamiento han sido claves para aumentar la capacidad resolutiva y de respuesta de nuestros establecimientos. Es importante destacar, asimismo, la inversión del Ministerio de Salud en los establecimientos estratégicos priorizados por el gobierno regional entre 2011 y 2012, entre los que destacan el centro de Salud de Miguel Iglesias en Celendín, San Miguel o el actual Hospital COVID de Cajamarca, el Hospital Simón Bolívar, que hasta el 2012 era un establecimiento de salud de nivel I-3 que funcionaba en una pequeña infraestructura no mayor a 50 metros cuadrados en el barrio Chontapaccha. El sector privado, bajo la supervisión de la autoridad regional de salud, también contribuyó en la mejora de algunos establecimientos como los casos del centro de salud de Hualgayoc y del centro poblado El Tingo o en el equipamiento del Hospital Regional de Cajamarca.

5)            La descentralización institucional y reforma de la gestión regional de salud, reflejada en la creación de nuevas unidades ejecutoras. En el 2010 existían sólo cinco unidades con autonomía presupuestal (Diresa, Disa Jaén, Disa Cutervo, Disa Chota y Hospital Regional de Cajamarca). Al término del año 2018 se habían incrementado cuatro nuevas: Hospital de Chota, Redes de Salud de San Ignacio, Santa Cruz, Hualgayoc-Bambamarca y Cajamarca. También es importante destacar el hecho que la mayoría absoluta del presupuesto regional de salud se gestione actualmente mediante programas presupuestales, que permite una mejor planificación, ejecución y control del gasto público, al conectar los recursos con metas cuantificables en las prioridades sanitarias. Y, finalmente, vale la pena resaltar la experiencia de intercambio prestacional entre la Dirección Regional de Salud y Essalud, iniciada en 2012, la misma que ha servido de base para que, ahora, al momento de afrontar la pandemia, se hayan facilitado procesos de colaboración entre ambos sistemas de salud, especialmente para implementar y garantizar los servicios del Hospital COVID-19 de Cajamarca.

6)            A estas mejoras institucionales hay que agregar la importante experiencia acumulada en el sector salud de nuestra región, en cuanto al control y gestión de las emergencias epidemiológicas. Profesionales y técnicos de salud de nuestra región han sido exitosos en el control del Paludismo, de la Uta, la Rabia, el Dengue y el Zika. Puedo dar testimonio personal del ejemplar y muy profesional proceso de control del brote de Dengue que tuvimos en Jaén en el año 2011, que llegó a afectar a casi 6000 personas con un muy bajo nivel de letalidad, comparado con uno similar que afectó en esa misma coyuntura a la región de Loreto. Una experiencia y un conocimiento que, lamentablemente, no ha sido debidamente aprovechados por las autoridades regionales y municipales que, en vez de pedir consejo para detectar zonas y personas infectadas, construir cercos sanitarios y vigilar a los pacientes sometidos a más estrictos sistemas de cuarentena, prefirieron tomar decisiones poco eficientes en esas líneas, malgastando los siempre escasos recursos públicos. Un mal ejemplo de estas decisiones desatinadas es el caso de las labores de desinfección de calles, plazas y otras infraestructuras públicas mediante el rociado de sustancias tóxicas, medida recientemente muy cuestionadas por la propia Organización Mundial de Salud, pero que algún alcalde provincial propagandiza cotidianamente creyendo que tiene derecho a obtener un récord de Guinness por el número de hectáreas presuntamente desinfectadas. Si la actual pandemia se debiera a la presencia de algún vector transmisor, esas acciones hubieran sido efectivas. Pero este no ha sido el caso.

7)            También es importante destacar que, en materia de cuidados preventivos para la pandemia, como el simple, pero muy eficaz, el lavado de manos, los establecimientos de salud de nuestra región llevan varios años promoviéndolo de manera muy eficiente, en la medida que ha sido una medida recomendada para evitar enfermedades diarreicas agudas (EDAS), anemia y desnutrición, en cuyos indicadores hemos hecho también avances muy significativos en el último quinquenio. De modo que, gracias a esas campañas en centros educativos, comunidades y en los propios hogares, el lavado de manos es una práctica consolidada en las familias cajamarquinas.

Las otras instituciones de capital social que han tenido y tienen un desempeño importante en la presente pandemia son las redes de promotores comunitarios de salud y las rondas campesinas. Las primeras, formadas en los años 90 del pasado siglo, están conformados por líderes de caseríos rurales que de manera voluntaria vinculan a sus comunidades con los establecimientos de salud y apoyan las labores extramurales de los establecimientos a fin de hacer efectivas las campañas de promoción y prevención de la salud en sus territorios. Las Rondas Campesinas, de otro lado, nacidas a fines de los años 70 del siglo pasado como formas de autodefensa frente al abigeato, han tenido un desarrollo expansivo de sus funciones hasta convertirse en verdaderas autoridades comunales, incluyendo el control de territorios, defensa del medio ambiente y la protección de la salud comunal y familiar.

Ambas redes comunitarias han actuado desde el primer momento de la emergencia sanitaria, siguiendo sus propios usos y costumbres y actuando con la autonomía y autoridad que les caracteriza. Pero, lamentablemente, no fueron consideradas ni involucradas en los espacios de articulación y coordinación por parte de las autoridades regionales y locales. Llegando al extremo de denegar sus pedidos de apoyo en equipos de protección personal o de alimentos para los grupos de ronderos que de manera voluntaria habían asumido, por su cuenta, el control de los accesos a sus territorios, como sucedió en Celendín, donde felizmente el apoyo de organizaciones juveniles atendió en un primer momento esas necesidades. Otros casos graves de falta de coordinación ocurrieron en Cajamarca y Cutervo. En la capital departamental, un grupo de ronderos detuvieron y castigaron a un trabajador del Hospital Regional que se desplazaba en la noche a su centro de trabajo en mototaxi, porque probablemente no fueron advertidos de la existencia de pases de circulación para este tipo de personal. En Cutervo, los ronderos impidieron el ingreso de un destacamento de soldados por temor que éstos al provenir de Chiclayo estuvieran contagiados con COVID-19.

Sólo muy tardíamente y de modo nada integral, las autoridades regionales y locales ha ido comprendiendo que el apoyarse en las redes comunitarias y en la propia institucionalidad regional de salud, portadoras de un importante capital social, eran y todavía son parte de una estrategia correcta para gestionar de modo más eficiente la pandemia, incluso en las nuevas fases que se abren a partir de la fecha

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