ANULANDO AL ENEMIGO COMÚN
Perú Libre

ANULANDO AL ENEMIGO COMÚN

Por: Alex Albornoz

Es necesario precisar como la izquierda regional suele ser subestimada y menospreciada por el sector de la izquierda de Lima. Partiendo de las posturas y las declaraciones que han mostrado los congresistas de Nuevo Perú como: Richard Arce, Horacio Zevallos o Indira Huilca, en contra de un sector de la izquierda regional que representa Perú Libre y su fundador Vladimir Cerrón, hay que recordarles que el campo patriótico espera de las organizaciones políticas de izquierda un mínimo de demostración de organización de base que responda no solamente por coyunturas electorales sino permanentemente cuando el enemigo de clase arremete alebrestado en contra de una organización del campo popular. La solidaridad es un eje central en la izquierda revolucionaria, lo que no ocurre con la izquierda liberal que solo lo realiza selectivamente.

Hay que recordarle también a esa “izquierda” como repetidamente ha llamado al voto por los representantes de la oligarquía peruana (PPK y luego Vizcarra), y como parece empecinada en negarse a aceptar que existen otras fuerzas políticas en el campo popular. Lo más curioso aun, es como acaban fungiendo de jueces en contra de los que consideran un peligro que les resta simpatías a sus cuadros políticos formados al calor de sus oenegés. Esta actitud ya se evidenció con Goyo y ahora se vuelve a ponerse de manifiesto con Cerrón, a ambos, la izquierda limeña cuando ha podido aprovechar el escenario de liquidación, también se ha montado en esa infamia siguiendo el guión macartista de la derecha. Parece que ignoraran que golpear moralmente con un tema judicial, a la par que mancha la imagen, sirve sobre todo para el rebote y la propaganda que la prensa mediática se encarga de propagandizar. También olvidan que este caso desnuda la estrategia de liquidación que se ha levantado en contra de la izquierda regional.

El caso de Cerrón es un acto de desesperación frente al escenario electoral próximo del 2020 porque encuentra en Perú Libre con inscripción nacional abiertamente antineoliberal. De los 24 partidos políticos aptos para participar en las elecciones solo dos agrupaciones de izquierda cuentan con inscripción: Perú Libre y el Frente Amplio. Lo que el elenco estable está fraguando con este tipo de maniobras judiciales en contra de la izquierda regional y sus cuadros políticos es un lavado de rostro frente a la cruda realidad del desfile que protagonizan uno por uno sus representantes mafiosos y coimeros, sean estos de la DBA o liberales tecnócratas, todos están cayendo. Hay que tener en claro que lo de Odebrecht ha golpeado sin aspavientos a casi toda la clase política tradicional que ha dirigido el país en los últimos 27 años.

El mensaje es para la gente, para asentar la idea de que: todos los políticos son lo mismo, que la derecha y la izquierda chapan por igual; reforzando la “cruzada anticorrupción” que vive el país, su arresto efectivo es para el rebote de los medios y la propaganda en la gente. Es una jugada hábil y sin vacilar que efectua el establishment evidenciando su clara estrategia de liquidación y lavado de rostro. A Gregorio Santos mucho antes de la explosión del pus de la corrupción generalizada lo metieron preso por el conflicto de Conga, acusándolo de “incendiario” por llamar a una Asamblea Constituyente y popular durante el gobierno de Humala para refundar la Patria y luego, no contentos, le sumaron lo de “corrupto”, perfil que no han podido sostener y que el tiempo se ha encargado de desinflar consolidando la figura de: preso político, víctima de la arremetida política y financiera del gran capital. Vamos, una cosa es que a la Confiep o la embajada gringa le parezca pintoresca tu líder política y otra muy distinta es que le representes un peligro a sus intereses hegemónicos.

La ingenuidad para con la “cruzada anticorrupción” que algunos cándidamente promocionan y en la que creen ciegamente tiene patas cortas. Es muy cándido partir de la determinista premisa de que el Poder Judicial (tantas décadas infectado por mafias políticas y que aún conservan sus alfiles en puestos claves) de pronto imparte “justicia” y que, por tanto, ya nada corrompe sus fallos o sentencias. Quieren creer que es la plena justicia en acción y que ya “no existe de por medio presión o influencia política”. Eso por supuesto es de una utopía descabellada, muy bonito en su abstracción seguramente pero ajena a la crisis que atraviesa el país.

La izquierda antineoliberal debe resaltar y señalar oportunamente el juego del tablero judicial que administra el establishment y demostrar cómo se deshonra las funciones primigenias de un Poder Judicial instrumentalizado por un supuesto escenario de cruzada de “limpieza” con el que pretenden favorecer agarrándose de la coyuntura de crisis que vive el Modelo. Judicializar al enemigo de clase para golpearlo moralmente está en marcha, los casos de Vladimir Cerrón y Walter Aduviri desnudan abiertamente un escenario de liquidación política, solo les resta Gregorio Santos para poder emplazar a Vero Mendoza y Nuevo Perú a seguir la hoja de ruta que ellos, los mismos de siempre, demarcarán de facto para el país. Una organización política de izquierda que se aprecia de ser un actor activo dentro de la política nacional debe demostrar constantemente su anhelo de disputarle el poder y serle incómodo al establishment exponiendo sus principales contradicciones sin conseciones que blinden al Modelo.

Insisto, no hay que olvidar, que la propaganda política de estos casos judiciales siempre será para la gente de a pie, para reforzar el sentido común con el que juegan a ganadores. El viejo orden es ducho, lo que vive la región es una muestra clara de la ola de restauración y sedimentación neoliberal al que pretenden echarle candado. En el Perú liquidar moralmente a un partido como Perú Libre con inscripción y apto para disputarle el poder a la oligarquía peruana es y será uno de sus principales objeticos. Lo curioso es que la supuesta amenaza latente que representa la izquierda regional parece no solamente asustar al establishment sino también a un sector de la izquierda que se ha quedado reducida en Lima. Estamos pues, ante, el juego de tronos, de la política peruana en toda su expresión.

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