“A NADA” LA PSEUDO REFORMA UNIVERSITARIA
Foto: Franco Fafasuli

“A NADA” LA PSEUDO REFORMA UNIVERSITARIA

POR: ENYEL ASENCIO

En un país como el nuestro donde las fechas quedan en el pasado y el reformismo caviar está a la orden del día, debemos de cuestionarnos ciertas fechas que han retomado el debate de sociedad en la cual vivimos. El pasado 26 de julio de 2014 un congreso desorientado y con un vacío de conocimiento sobre la saliente y la actual ley universitaria –muchos de ellos ni grado universitario poseían– aprobó un reformismo operado por comisiones de dueños, asesores, financistas de universidades privadas y los siempre consecuentes caviares de la época. La actual ley universitaria ha cumplido cinco años de ser aprobada en el gobierno oficialista del nacionalismo Ollantista confabulado con la oligarquía. quienes trasformaron el grito de Córdoba en una simple referencia literaria.

La actual norma empezó a implementarse a partir de la creación de la Superintendencia Nacional de Educación Universitaria – SUNEDU, órgano supervisor, fiscalizador e inquisidor de las universidades públicas y privadas en nuestro país. Dicha intendencia se creó mediante artimañas de caviares reformistas y los más rancios izquierdistas de Miró Quesada, quienes prefirieron un pacto con la derecha a una convocada lucha reivindicativa por la educación peruana; dicho sea de paso, el poder administrativo y omnipresente de la SUNEDU ha trasgredido la autonomía universitaria en toda su esencia, siendo el terror de cualquier universidad en proceso o ya licenciada. El reformismo al cual se ha pegado la caviarada en estos cinco años ha creado un poder supremo con una alta gama de directivos en las oficinas de SUNEDU, siendo estos directivos en un alto o casi total porcentaje egresados de universidades privadas, dejándose ver un total desconocimiento de la realidad de la universidad pública como estudiante o egresado de ella, aislando totalmente los cimientos sobre los cuales se erigió la universidad peruana y latinoamericana.

El reformismo al cual nos tiene acostumbrados la oligarquía ha llevado a recategorizar la Universidad Pública, desde su origen como el alma máter del pensamiento rebelde y divergente, en entidades vinculadas a proveer a la sociedad un sinfín de profesionales de todo tipo de precio o afín a los gustos de la demanda que el empresariado necesite, cuyo requisito único es el de contar con un cartón que acredite haber cursado estudios en alguna universidad con o sin fines de lucro, lo primordial es que el actual egresado de dichas casas de estudio hayan aprendido muy bien el cliché de proactividad en el trabajo y sean muy funcionales al sistema, olvidándose así de alguna crítica a la sociedad e incluso sumisos frente a las flexibilizaciones laborales que recortan sus derechos.

Casi un total de 900 mil estudiantes han sido, según SUNEDU, beneficiados por el otorgamiento de Licenciamiento a sus casas de estudios; muchos de ellos y en casi el doble a las nacionales –600 mil– son de Universidades Privadas con altos fines de lucro, tratándose a fin de cuentas de un mero reformismo administrativo que ha empezado con la única visión de pintar fachadas de universidades con un alto grado de crisis pedagógica y científica. Y es que en estos cinco años de reformismo, los movimientos estudiantiles han aprendido a convivir con lo poco que se logró de cogobierno en sus almas máter –una democracia controlada por la casta docente nombrada en la dictadura–, cursando un periodo de luchas divididas para afrontar la arremetida de blindaje a universidades en crisis, que han sabido por medio de artimañas, lograr el ansiado licenciamiento protegiendo –por supuesto– sus nichos de riqueza y dar la estocada definitiva que ha conllevado a mercantilizar la educación.

Cinco años de implementación de la Ley N° 30220 – Nueva Ley Universitaria, de un reformismo ácido a la universidad peruana nos ha llevado a situaciones como: 9 de 100 jóvenes en pobreza puedan cursar o tener acceso a un grado universitario –en el peor de los casos no terminan sus estudios–; que las becas promovidas por el Estado en más de 1 mil millones de soles se destinen a universidades privadas con fines de lucro; que las Universidades Públicas no cuenten con nuevos presupuestos para su implementación y adecuación; que la tasa de egresados universitarios en pobreza ascienda anualmente; que las tasas de desempleo desborden al país; que la flexibilización laboral ha llevado a profesionales a trabajar en condiciones de esclavitud; etc.

El balance que debemos hacernos desde una izquierda radical con propuesta de reforma patriota es tomar desde el amplio marco del grito de Córdoba a cuánto hemos avanzado como fuerzas gremiales, sindicales y sociales; cuánto hemos avanzado con una Federación de Estudiantes del Perú – FEP secuestrada y fraccionada cada vez más en cada uno de sus congresos; cuánto hemos avanzado con dos federaciones nacionales de docentes universitarios y un sinfín de sindicatos de trabajadores administrativos de la universidad pública; cuánto se avanzó desde la última toma y movilización nacional de universidades; cuánto se avanzó desde los debates por una universidad con vínculo social y con una conexión popular que nos lleve como en Argentina luego del grito de Córdoba a un plan nacional de educación y de país.

Hoy el deber histórico de esta generación universitaria es reconstruir sus gremios –pero no para servir a la actual ley y a la SUNEDU, sino para recuperar y democratizar el gremio máximo “La FEP”, asimismo para enmarcar el camino y dirección a este pueblo peruano cansado de aceptar el reformismo de derecha y de los caviares solo porque “peor es nada”.

Hoy más que nunca nos queda el incesante camino de luchar y proponer una contra reforma universitaria netamente popular, con una identidad generacional por parte del movimiento estudiantil; una reforma que extinga totalmente las raíces docentes y mediocres impregnadas en nuestras alma máter en la dictadura fujimorista que sueñan con controlarla como empresas privadas, que rompa con el actual modelo neoliberal, porque el único deber de un estudiante universitario hoy en día “es consagrar la vida, en defensa de la verdad…”

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